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martes, 15 de septiembre de 2015

TERCERA EDAD DEL SEXO





Resulta que “45 años” la última película del director británico Andrew Haigh está considerada tabú. Por el contenido sexual. El motivo del escándalo no es el sadomaso ni ningún tipo de alambicada relación incestuosa. Aquello que ha puesto el grito en el cielo de determinador sector “conservador” son las escenas de sexo entre una pareja interpretada por los afamados Charlotte Rampling, de 69 años de edad, y Tom Courtenay, de 78. El responsable del proyecto comenta que le inquieta el hecho de que a medida que envejecemos el sexo se perfile como un elemento torpe, feo, escaso e invisible. El tema es que los humanos poseemos una "falla psicológica" que nos lleva a rechazar la idea de imaginar a nuestros padres o abuelos en pleno misionero. Algo así como “del polvo vienes pero tus padres no copularán”. ¡Milagro!. Un tema que más tiene que ver con la estética que con la edad pues, ¿no preferirían ver en la cama a Sean Connery y a Jane Fonda que a dos jovenzuelos sobrealimentados, inexpertos y poco agraciados? Expongo el tema en grupo y alguno opina que el acto sexual es algo privado cuyo fin no es para satisfacer a terceros. Otra alega al modelo único de estética imperante donde la tersura se valora por encima de la experiencia o la indecencia. Un tercero anima a pasar por encima de lo corporal y centrarse en la unión de dos almas enlazadas por el deseo, el amor o el frenesí. Coincidimos en que el sexo maduro está pendiente de revisión en el sector de la ficción y, si bien damas como Diane Keaton o Meryl Streep han conseguido ampliar el espectro del amor romántico hasta más allá de los sesenta, los protagonistas de estas cintas, hasta ahora, cerraban la puerta de la habitación cuando empezaba la acción. Yo me pregunto, ¿serán conscientes Isabel Preysler y Vargas Llosa de que pueden convertirse en el símbolo de un género aún por explorar?





DESEANDO EN PRESENTE

                                                 
                                          
La escena es la siguiente. Una señora en la cincuentena bebe de un cóctel sentada en una hamaca cerca de la piscina. La dama, de piernas largas y piel tostada, podría definirse como “bien conservada”. Junto a ella la hija. Una post adolescente de unos veinte de abundante melena despeinada y cintura estrecha. Recostada en una silla, está enfrascada en su móvil con aire despreocupado mientras retuerce entre los dedos un mechón de pelo. A su lado descansa un jovencito de rostro vivo y cuerpo delgado y musculado al que, tras besar a la del móvil en el cuello, yo identifico como el novio de ella. Un poco apartado el padre de familia dormita en la tumbona con las manos enlazadas sobre un vientre que comienza a ser prominente. En el suelo reposa una birra. La estampa podría servir de postal al recoger la esencia del iberismo estival pero, al afinar un poco la mirada, descubro algo más. El chaval gira la cabeza al tiempo que se sienta erguido y saca pecho. Su mirada se posa en el rostro de la madre que succiona con precisión la pajita para, con gesto distraído, extraer del vaso un fresón y comerlo a pequeños bocados mientras un fino hilo de líquido gotea desde su mano. El padre bosteza y se rasca la axila ajeno al resto. La hija continua con el whatsapp. Desde mi puesto detecto las ganas de sexo de mamá, un deseo preciso y solo audible para algunos, como un silbato para perros. Observo como el joven cachorro lo percibe, incapaz de apartar la mirada, seducido por las uñas largas pintadas, la cadera curvada, el aroma de una experiencia que él solo ha visto en el porno. Entonces la hija se levanta, estira el brazo y les pide que posen para un selfie. Ambos sonríen y se me pasa por la mente que ocurrirá esa noche, o si llegan a coincidir los dos solos en el coche. ¿Quizá ya han consumado?. Resolución verbal: el sexo solo entiende de gerundio y de presente.   


domingo, 9 de febrero de 2014

DESEO FEMENINO


En un artículo reciente sobre el deseo carnal de la mujer leo que este disminuye con los años, si se encuentra en pareja. ¿Y el de los hombres qué? –dirán. Lo que mengua en este caso es la frecuencia y los niveles de satisfacción, pero no la motivación. Explica que la excitación en el macho se activa como si fuera un botón y que para ellas el tema es más complejo, que cada vez es como si tuvieran que componer una jugada de ajedrez. El apogeo sensual de la dama, añade, se da a los cuarenta y tantos y aquí la sorpresa: se ha descubierto que no es cierto que su máxima aspiración sexual tenga que ver la reproducción. Así quedaría desterrada la idea de que ellas prefieren la monogamia y el romanticismo y que ellos son más de botifarra y jamón. Asegura que un potente laboratorio se encuentra trabajando en la Lybrido, la píldora mágica femenina que promete elevar su libido a niveles de concurso. Su lanzamiento al mercado casi se ha convertido en un asunto de estado pues el macho, consciente del poder de este fármaco, vive acojonado. Imagínenlo temblando, pensando que es su novia o su esposa la que, fulminada por una repentina y artificial excitación, sucumbe a las garras de la pasión con ese conocido con el que se cruza una noche. «No me he podido controlar», «me he dejado llevar», «no ha significado nada», «sólo ha sido sexo, lo nuestro es amor» – la visualiza diciendo, utilizando esas justificaciones que durante siglos han sido patrimonio exclusivo de los varones. Al día siguiente él recibirá unas flores en el trabajo y durante varias semanas ella se mostrará mansa y encantadora, echándole mucho cuento al rollo del arrepentimiento. Él se reprochará a sí mismo no haber estado más dispuesto, pues ya se habrá dado cuenta de que lo que no se obtiene en casa, se trajina fuera con el primero que pasa. Seguro qué a más de uno le suena esta situación y se sabe hasta el guión.





viernes, 25 de enero de 2013

CUANDO ÉL NO QUIERE



Me entero por varios casos de que el viejo tópico femenino de “cariño hoy no puedo que me duele la cabeza”, de siempre asociado a la estrechura o la pereza, ha saltado de género para invadir el terreno masculino, siendo ahora ellos los que esquivan a su pareja con excusas como “voy hasta arriba de trabajo” o el socorrido “hay partido del Valencia”, llevando al límite la paciencia de sus señoras que reciben la negativa como una inclemencia. “No te lo vas a creer, pero en mi casa no hay manera de meter” –me anunciaba el otro día Silvia, una vecina y amiga. “Llevamos casi un mes sin hacerlo y parece que Pablo vive en la ignorancia, no le da ninguna importancia. Cada día es algo distinto, se puede pasar dos horas buscando un bañador, o un cargador, o poniendo en orden el congelador. El otro día le dije unas cuantas verdades, le planteé mis necesidades. Me miró como distraído y me dijo que le ayudara a encontrar unas llaves que había perdido” –confiesa. Yo le aconsejé lo clásico, una cena con velas, algo de ropa interior, tomar la iniciativa. “No puedo mostrar más motivación, una noche me tiré encima y casi cometo una violación. Me planteé buscar fuera de casa pero nada, se nota a la legua que estoy desesperada” –continua. Quizás se trata de una especie de epidemia, pues Silvia, mujerona atractiva y potente, se suma a la lista de damas que conozco que se suele quedar con las ganas. Puede ser que el mito del macho con apetito de haya agotado y que los pocos sementales que quedan se conviertan en ejemplares para admirar en los museos. Los pobres chicos de las generaciones que llegan viven acobardados ante los deseos exacerbados de la nueva mujer emancipada y sexualmente liberada, hasta el punto de que es ella la que decide cuando, donde y con quién. Desde aquí animo a los varones a volver a lucir los galones de esa antigua virilidad, aunque solo sea para ser tratados con piedad por aquellas señoras que, independientemente de su edad, buscan sexo de calidad.