Resulta que “45 años” la
última película del director británico Andrew Haigh está considerada tabú. Por
el contenido sexual. El motivo del escándalo no es el sadomaso ni ningún tipo
de alambicada relación incestuosa. Aquello que ha puesto el grito en el cielo
de determinador sector “conservador” son las escenas de sexo entre una pareja
interpretada por los afamados Charlotte Rampling, de 69 años de
edad, y Tom Courtenay, de 78. El responsable del proyecto comenta que le
inquieta el hecho de que a medida que envejecemos el sexo se perfile como un
elemento torpe, feo, escaso e invisible. El
tema es que los humanos poseemos una "falla psicológica" que nos lleva a rechazar la idea de
imaginar a nuestros padres o abuelos en pleno misionero. Algo así como “del
polvo vienes pero tus padres no copularán”. ¡Milagro!. Un tema que más tiene
que ver con la estética que con la edad pues, ¿no preferirían ver en la cama a
Sean Connery y a Jane Fonda que a dos jovenzuelos sobrealimentados, inexpertos
y poco agraciados? Expongo el tema en grupo y alguno opina que el acto sexual es
algo privado cuyo fin no es para satisfacer a terceros. Otra alega al modelo
único de estética imperante donde la tersura se valora por encima de la
experiencia o la indecencia. Un tercero anima a pasar por encima de lo corporal
y centrarse en la unión de dos almas enlazadas por el deseo, el amor o el
frenesí. Coincidimos en que el sexo maduro está pendiente de revisión en el
sector de la ficción y, si bien damas como Diane Keaton o Meryl Streep han
conseguido ampliar el espectro del amor romántico hasta más allá de los sesenta,
los protagonistas de estas cintas, hasta ahora, cerraban la puerta de la
habitación cuando empezaba la acción. Yo me pregunto, ¿serán conscientes Isabel
Preysler y Vargas Llosa de que pueden convertirse en el símbolo de un género
aún por explorar?
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martes, 15 de septiembre de 2015
DESEANDO EN PRESENTE
La escena es la siguiente.
Una señora en la cincuentena bebe de un cóctel sentada en una hamaca cerca de
la piscina. La dama, de piernas largas y piel tostada, podría definirse como “bien
conservada”. Junto a ella la hija. Una post adolescente de unos veinte de
abundante melena despeinada y cintura estrecha. Recostada en una silla, está
enfrascada en su móvil con aire despreocupado mientras retuerce entre los dedos
un mechón de pelo. A su lado descansa un jovencito de rostro vivo y cuerpo
delgado y musculado al que, tras besar a la del móvil en el cuello, yo
identifico como el novio de ella. Un poco apartado el padre de familia dormita en
la tumbona con las manos enlazadas sobre un vientre que comienza a ser
prominente. En el suelo reposa una birra. La estampa podría servir de postal al
recoger la esencia del iberismo estival pero, al afinar un poco la mirada,
descubro algo más. El chaval gira la cabeza al tiempo que se sienta erguido y
saca pecho. Su mirada se posa en el rostro de la madre que succiona con
precisión la pajita para, con gesto distraído, extraer del vaso un fresón y comerlo
a pequeños bocados mientras un fino hilo de líquido gotea desde su mano. El
padre bosteza y se rasca la axila ajeno al resto. La hija continua con el whatsapp.
Desde mi puesto detecto las ganas de sexo de mamá, un deseo preciso y solo
audible para algunos, como un silbato para perros. Observo como el joven
cachorro lo percibe, incapaz de apartar la mirada, seducido por las uñas largas
pintadas, la cadera curvada, el aroma de una experiencia que él solo ha visto
en el porno. Entonces la hija se levanta, estira el brazo y les pide que posen
para un selfie. Ambos sonríen y se me pasa por la mente que ocurrirá esa noche,
o si llegan a coincidir los dos solos en el coche. ¿Quizá ya han consumado?.
Resolución verbal: el sexo solo entiende de gerundio y de presente.
domingo, 9 de febrero de 2014
DESEO FEMENINO
En un artículo reciente sobre
el deseo carnal de la mujer leo que este disminuye con los años, si se
encuentra en pareja. ¿Y el de los hombres qué? –dirán. Lo que mengua en este
caso es la frecuencia y los niveles de satisfacción, pero no la motivación. Explica
que la excitación en el macho se activa como si fuera un botón y que para ellas
el tema es más complejo, que cada vez es como si tuvieran que componer una
jugada de ajedrez. El apogeo sensual de la dama, añade, se da a los cuarenta y
tantos y aquí la sorpresa: se ha descubierto que no es cierto que su máxima
aspiración sexual tenga que ver la reproducción. Así quedaría desterrada la
idea de que ellas prefieren la monogamia y el romanticismo y que ellos son más
de botifarra y jamón. Asegura que un potente laboratorio se encuentra
trabajando en la Lybrido, la píldora mágica femenina que promete elevar su
libido a niveles de concurso. Su lanzamiento al mercado casi se ha convertido
en un asunto de estado pues el macho, consciente del poder de este fármaco,
vive acojonado. Imagínenlo temblando, pensando que es su novia o su esposa la
que, fulminada por una repentina y artificial excitación, sucumbe a las garras
de la pasión con ese conocido con el que se cruza una noche. «No me he podido
controlar», «me he dejado llevar», «no ha significado nada», «sólo ha sido sexo,
lo nuestro es amor» – la visualiza diciendo, utilizando esas justificaciones
que durante siglos han sido patrimonio exclusivo de los varones. Al día
siguiente él recibirá unas flores en el trabajo y durante varias semanas ella
se mostrará mansa y encantadora, echándole mucho cuento al rollo del
arrepentimiento. Él se reprochará a sí mismo no haber estado más dispuesto,
pues ya se habrá dado cuenta de que lo que no se obtiene en casa, se trajina fuera
con el primero que pasa. Seguro qué a más de uno le suena esta situación y se
sabe hasta el guión.
viernes, 25 de enero de 2013
CUANDO ÉL NO QUIERE
Me entero por varios casos de
que el viejo tópico femenino de “cariño hoy no puedo que me duele la cabeza”,
de siempre asociado a la estrechura o la pereza, ha saltado de género para
invadir el terreno masculino, siendo ahora ellos los que esquivan a su pareja
con excusas como “voy hasta arriba de trabajo” o el socorrido “hay partido del
Valencia”, llevando al límite la paciencia de sus señoras que reciben la
negativa como una inclemencia. “No te lo vas a creer, pero en mi casa no hay
manera de meter” –me anunciaba el otro día Silvia, una vecina y amiga. “Llevamos
casi un mes sin hacerlo y parece que Pablo vive en la ignorancia, no le da
ninguna importancia. Cada día es algo distinto, se puede pasar dos horas
buscando un bañador, o un cargador, o poniendo en orden el congelador. El otro
día le dije unas cuantas verdades, le planteé mis necesidades. Me miró como
distraído y me dijo que le ayudara a encontrar unas llaves que había perdido”
–confiesa. Yo le aconsejé lo clásico, una cena con velas, algo de ropa
interior, tomar la iniciativa. “No puedo mostrar más motivación, una noche me
tiré encima y casi cometo una violación. Me planteé buscar fuera de casa pero
nada, se nota a la legua que estoy desesperada” –continua. Quizás se trata de
una especie de epidemia, pues Silvia, mujerona atractiva y potente, se suma a
la lista de damas que conozco que se suele quedar con las ganas. Puede ser que
el mito del macho con apetito de haya agotado y que los pocos sementales que
quedan se conviertan en ejemplares para admirar en los museos. Los pobres
chicos de las generaciones que llegan viven acobardados ante los deseos exacerbados
de la nueva mujer emancipada y sexualmente liberada, hasta el punto de que es
ella la que decide cuando, donde y con quién. Desde aquí animo a los varones a
volver a lucir los galones de esa antigua virilidad, aunque solo sea para ser
tratados con piedad por aquellas señoras que, independientemente de su edad, buscan
sexo de calidad.
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