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viernes, 19 de diciembre de 2014

BELLAS QUE SUFREN




Mi amiga Nuria hace años que duerme algunas noches con los pies untados en crema, envueltos en film transparente y cubiertos por unas calzas especiales, con el fin de hidratarlos al máximo y evitar las antiestéticas grietas en el talón. A veces realiza la misma operación con las manos o usa el plástico en el pelo, que embadurna con aceite de argán. Ha comprado un sujetador que se pone para dormir y evita las arrugas en el escote, una suerte de armadura negra que le da la apariencia de guerrera medieval y que dota a sus pechos del aspecto de una roca. También se hizo con unos parches de silicona que se aplican en las ojeras y actúan durante la noche, alisando las líneas de expresión y aclarando el tono de la zona. Además se pone tapones para aislarse de los ruidos del ambiente y lleva en los dientes una férula de descarga para evitar apretar y relajar la mandíbula. «Me imagino que has decidido dejar de poner caliente a tu marido para siempre», comenta una del grupo cuando ella detalla su lista de secretos de belleza. «Si te cruzas con uno de tus hijos por el pasillo a media noche se caga del miedo», suelta otra con cachondeo. «Lo de que quiero excitar a mi marido es algo que has dado por supuesto, lo que yo pretendo es ponerle al resto», afirma categórica. «Me gusta sentirme como una geisha, incómoda, sometida a esos correctivos con el fin de deslumbrar, como Cleopatra o Afrodita, de ahí que me pierdan las fajas, los tacones imposibles. No hay que abandonarse, una tiene que exigirse, no hay que compararse, la idea es esforzarse, no hay que conformarse, se trata de sudar. El mundo entero gira en torno al deseo sexual, ¿o acaso pensáis que los tíos se relajan?. Ellos se mantienen en activo hasta el final», proclama con energía y el resto, en silencio, la observamos con una mezcla de temor y respeto.  

lunes, 30 de diciembre de 2013

BELLEZA TETUNA



En estos días de celebración y regalos, muchas personas tienen dudas sobre qué comprar para ese familiar, esa amiga o esa persona especial. Si el presente en cuestión es para una mujer, les voy a dar una idea que nunca falla y que no se suele regalar, por motivos de pudor o por un tema de confianza: un buen sujetador. Ese cobijo de los pechos, englobado en el mundo de la lencería, tiene un sentido mucho mayor que el del uso rutinario que se le da a la ropa interior. El sostén puede transformar la anatomía de una dama haciéndola pasar de femenina a felina y brutal. Al dar con el modelo adecuado, los senos no solo quedan sujetados sino que son abrazados, esculpidos, ensalzados, presentados como caprichos divinos en una ofrenda carnal. El delicado soporte, cuando está perfectamente elaborado, posee un diseño y unas medidas precisas que lo acercan a una obra de imaginería, a un proyecto de ingeniería. En la psique de la mujer la pieza adecuada puede tener un efecto terapéutico, orgásmico, galáctico. Desde el básico al deportivo, el escotado, el cruzado, el palabra de honor, aquel que tiene relleno, el que recoge los pechos de manera liviana en una copa de encaje fino, el que tiene forma de corazón y el que presenta las dos tetas floridas como si estuvieran sujetas por un par de macetas. Abogo desde aquí porque se instaure el día del sujetador con el fin de hacer extensivas sus bondades y que en todas las ciudades haya una plaza del sostén. Se debería utilizar además, cuando el tiempo lo permite, para salir a pasear, o a bailar, cenar o votar, como pieza visible, exenta de provocación. Como regalo, y aunque pueda parecer poco apropiado, es una apuesta segura que creará una complicidad con la interesada y le garantizará la entrada a un club privado, aquel formado por los amantes de la belleza tetuna, independientemente del sexo, la condición o el parentesco.