“Cualquier
tiempo pasado fue mejor”, dicta la estrofa de Jorge Manrique, lo que juega en
desventaja respecto al futuro del amor. Esta reflexión viene a colación después
de que un amigo me narre un hallazgo en su casa. «Estaba ordenando papeles
cuando, en el fondo de un cajón, aparece el clásico sobrecito amarillo de
Kodak. Dentro encuentro unas fotos de mi mujer y su ex, de vacaciones en
Formentera, a finales de los 90», me cuenta. El tema es que, su esposa, que
entonces rondaba los veintipocos, aparece en las imágenes pletórica, atlética,
con una sonrisa radiante y ese gesto de determinación que te da el saber que
tienes toda la vida por delante. La pareja aparece retratada paseando abrazada
en una cala que se presenta salvaje y desierta. En una de las fotos que me
muestra lucen poca ropa y el ex, que ahora trabaja de consultor, parece una
suerte de Tarzán, con el pelo abundante y revuelto, los músculos marcados y muy
bien dotado. «Nunca he sido celoso pero al verla tan feliz, parecían muy
unidos», confiesa. Me cuenta que él la tenia fichada, que aguardó en la sombra
a la espera de ese «creo que mereces algo más», «nos hemos estancado», del «no
sé si estoy enamorado» tan propio del momento. Durante un tiempo tuvo la
sensación de que se la había arrebatado a aquel ex, de que le robó su lugar en
la cama, la curvatura de su espalda, el tono de su voz cuando se ponía a gemir,
a susurrar. Cuando alguna vez se lo cruzaron a él le pareció alto y templado
pese a que ella le dijo que lo veía más gordo y desmejorado. Un día le preguntó
con quién gozaba más y ella le contestó que nunca pensaba en el pasado.
Entonces comparte conmigo la cuestión que de verdad le fustiga: «¿has visto el
bulto del bañador?». Yo miro la fotografía, elevo las cejas y él me recuerda
que en ese momento no se usaba el Photoshop. «Seguro que tú tienes más pelo», le
digo a modo de consuelo.
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viernes, 28 de noviembre de 2014
viernes, 24 de octubre de 2014
EX–PIACIÓN
Los que afirman que el amor
verdadero es la fuerza total que mueve el mundo y que impulsa las etapas más
intensas de las relaciones, es que todavía no se han cruzado con una ex
cabreada. Victoria Álvarez, ex pareja de Jordi Pujol Ferrusola, es la prueba
viviente del despecho. Tras cuatro años de relación la dama no solo ha sido
determinante a la hora de destapar aspectos clave relacionados con las oscuras
finanzas del clan catalán, sino que se ha despachado a gusto en distintos
medios asegurando que no se trata de resentimiento, que no es una fresca ni una
fulana y los ha tachado de mafia. Siguiendo su estela llega María José
Bargalló, amante en su día del “president”, chivando a las autoridades
pertinentes información denominada sensible, ayudando a tirar de la manta sobre
el tema de las cuentas en paraísos fiscales y echando luz en otra serie de
asuntos de esos que huelen. La jugada maestra, el estoque final, viene de la
mano de Valérie Trierweiler,
corneada y despreciada por el señor Hollande, que ha visto airear sus miserias
en las memorias tituladas “Gracias por este momento”, un relato rabioso escrito
desde un rincón solitario de textura áspera, al igual que la piel ya ajada de
la periodista, y del tamaño moral de una pastilla de Prozac. En el caso de la mujer
engañada y abandonada la venganza no solo se sirve fría, sino también digerida,
premeditada y elaborada. Y yo me pregunto, ¿qué estarían tramando hace un par
de semanas en una cafetería del centro la ex mujer de un conocido señor de bien
y la reciente ex amante? A veces solo hace falta un poco de tiempo y un cambio
de perspectiva para que el que en su día se convirtió en motivo de disputa se
transforme en enemigo común. Adaptación para el caso del refrán de las barbas:
“cuando a dos de tus ex veas confraternizar… pon en orden tus cuentas y empieza
a temblar”.
lunes, 28 de abril de 2014
SER INFIEL CON TU EX
Lo que voy a contar hoy es el
mundo al revés, rizar el rizo, hacer el pino con monedas en el bolsillo y las
gafas puestas. El protagonista de esta historia tiene cuarenta y tantas
primaveras, una mujer algo más joven que él y dos hijos. Después de doce años
de relación su matrimonio hace aguas y, tras una temporada de disputas, llega
la separación y ponen tierra de por medio. Hasta ahí todo bien. La mujer,
inteligente, atractiva y con un físico potente, comparte con sus íntimas algo
que resulta evidente: su marido se ha encaprichado con otra, una rubia de
treinta, un bombón sonriente que trabaja de dependienta. Aunque todos le
aconsejan que siga su camino, ella, la esposa, lo tiene claro y piensa que el
que era su marido se ha equivocado, que en el fondo todavía sigue enamorado.
Pero un par de meses después él hace público el asunto y se marcha a vivir con
la nueva. Pese a todo la mujer, que no está acostumbrada a perder, pasa las
horas libres en el gimnasio y mantiene la calma mientras se pone cañón. Una
tarde el marido le avisa de que va a pasar por su casa a recoger una cosas. La
esposa envía a los niños con la abuela y le espera vestida con minifalda y
blusa ligera. Ella, que ha prescindido del sujetador y lleva la melena mojada y
suelta, mira a su marido buscar en el armario mientras acaricia con su pie
desnudo el marco de la puerta. Cuando ya no puede más él se gira, le besa y le
arranca la ropa, excitado ante ese cuerpo conocido que ahora tiene prohibido.
Tras hacer el amor como bestias mira el móvil apurado, pues su nueva novia, que
por cierto es muy celosa, le ha llamado. Así inicia un lío clandestino con su
ex, en una complicada rocambola: ella, la ahora amante, le ha pillado el gusto
a ser la otra y aunque él, arrepentido, insiste en volver, a ella lo que le
pone es el affaire.
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