Mostrando entradas con la etiqueta ex. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ex. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de noviembre de 2014

UN PASADO ABULTADO




“Cualquier tiempo pasado fue mejor”, dicta la estrofa de Jorge Manrique, lo que juega en desventaja respecto al futuro del amor. Esta reflexión viene a colación después de que un amigo me narre un hallazgo en su casa. «Estaba ordenando papeles cuando, en el fondo de un cajón, aparece el clásico sobrecito amarillo de Kodak. Dentro encuentro unas fotos de mi mujer y su ex, de vacaciones en Formentera, a finales de los 90», me cuenta. El tema es que, su esposa, que entonces rondaba los veintipocos, aparece en las imágenes pletórica, atlética, con una sonrisa radiante y ese gesto de determinación que te da el saber que tienes toda la vida por delante. La pareja aparece retratada paseando abrazada en una cala que se presenta salvaje y desierta. En una de las fotos que me muestra lucen poca ropa y el ex, que ahora trabaja de consultor, parece una suerte de Tarzán, con el pelo abundante y revuelto, los músculos marcados y muy bien dotado. «Nunca he sido celoso pero al verla tan feliz, parecían muy unidos», confiesa. Me cuenta que él la tenia fichada, que aguardó en la sombra a la espera de ese «creo que mereces algo más», «nos hemos estancado», del «no sé si estoy enamorado» tan propio del momento. Durante un tiempo tuvo la sensación de que se la había arrebatado a aquel ex, de que le robó su lugar en la cama, la curvatura de su espalda, el tono de su voz cuando se ponía a gemir, a susurrar. Cuando alguna vez se lo cruzaron a él le pareció alto y templado pese a que ella le dijo que lo veía más gordo y desmejorado. Un día le preguntó con quién gozaba más y ella le contestó que nunca pensaba en el pasado. Entonces comparte conmigo la cuestión que de verdad le fustiga: «¿has visto el bulto del bañador?». Yo miro la fotografía, elevo las cejas y él me recuerda que en ese momento no se usaba el Photoshop. «Seguro que tú tienes más pelo», le digo a modo de consuelo.

viernes, 24 de octubre de 2014

EX–PIACIÓN



Los que afirman que el amor verdadero es la fuerza total que mueve el mundo y que impulsa las etapas más intensas de las relaciones, es que todavía no se han cruzado con una ex cabreada. Victoria Álvarez, ex pareja de Jordi Pujol Ferrusola, es la prueba viviente del despecho. Tras cuatro años de relación la dama no solo ha sido determinante a la hora de destapar aspectos clave relacionados con las oscuras finanzas del clan catalán, sino que se ha despachado a gusto en distintos medios asegurando que no se trata de resentimiento, que no es una fresca ni una fulana y los ha tachado de mafia. Siguiendo su estela llega María José Bargalló, amante en su día del “president”, chivando a las autoridades pertinentes información denominada sensible, ayudando a tirar de la manta sobre el tema de las cuentas en paraísos fiscales y echando luz en otra serie de asuntos de esos que huelen. La jugada maestra, el estoque final, viene de la mano de Valérie Trierweiler, corneada y despreciada por el señor Hollande, que ha visto airear sus miserias en las memorias tituladas “Gracias por este momento”, un relato rabioso escrito desde un rincón solitario de textura áspera, al igual que la piel ya ajada de la periodista, y del tamaño moral de una pastilla de Prozac. En el caso de la mujer engañada y abandonada la venganza no solo se sirve fría, sino también digerida, premeditada y elaborada. Y yo me pregunto, ¿qué estarían tramando hace un par de semanas en una cafetería del centro la ex mujer de un conocido señor de bien y la reciente ex amante? A veces solo hace falta un poco de tiempo y un cambio de perspectiva para que el que en su día se convirtió en motivo de disputa se transforme en enemigo común. Adaptación para el caso del refrán de las barbas: “cuando a dos de tus ex veas confraternizar… pon en orden tus cuentas y empieza a temblar”.

lunes, 28 de abril de 2014

SER INFIEL CON TU EX




Lo que voy a contar hoy es el mundo al revés, rizar el rizo, hacer el pino con monedas en el bolsillo y las gafas puestas. El protagonista de esta historia tiene cuarenta y tantas primaveras, una mujer algo más joven que él y dos hijos. Después de doce años de relación su matrimonio hace aguas y, tras una temporada de disputas, llega la separación y ponen tierra de por medio. Hasta ahí todo bien. La mujer, inteligente, atractiva y con un físico potente, comparte con sus íntimas algo que resulta evidente: su marido se ha encaprichado con otra, una rubia de treinta, un bombón sonriente que trabaja de dependienta. Aunque todos le aconsejan que siga su camino, ella, la esposa, lo tiene claro y piensa que el que era su marido se ha equivocado, que en el fondo todavía sigue enamorado. Pero un par de meses después él hace público el asunto y se marcha a vivir con la nueva. Pese a todo la mujer, que no está acostumbrada a perder, pasa las horas libres en el gimnasio y mantiene la calma mientras se pone cañón. Una tarde el marido le avisa de que va a pasar por su casa a recoger una cosas. La esposa envía a los niños con la abuela y le espera vestida con minifalda y blusa ligera. Ella, que ha prescindido del sujetador y lleva la melena mojada y suelta, mira a su marido buscar en el armario mientras acaricia con su pie desnudo el marco de la puerta. Cuando ya no puede más él se gira, le besa y le arranca la ropa, excitado ante ese cuerpo conocido que ahora tiene prohibido. Tras hacer el amor como bestias mira el móvil apurado, pues su nueva novia, que por cierto es muy celosa, le ha llamado. Así inicia un lío clandestino con su ex, en una complicada rocambola: ella, la ahora amante, le ha pillado el gusto a ser la otra y aunque él, arrepentido, insiste en volver, a ella lo que le pone es el affaire.