«Mi marido se ha cambiado
otra vez la clave de acceso del teléfono», es la frase que lanza una amiga despertando
todas las alarmas. Esas cuatro cifras, que en origen representaban un código de
seguridad muy útil en caso de pérdida o robo, se han convertido en los férreos
guardianes de lo que hemos bautizado como “intimidad digital”. Hace poco fui
testigo de una escena. Un matrimonio toma algo en una mesa cercana. Él consulta
la pantalla de su smartphone y lo deja sobre la mesa. Entonces se acerca el
hijo que tendrá unos siete, coge el dispositivo para entretenerse con un juego
y le pregunta a su progenitor, “¿cuál es tu clave?”. La pregunta flota en el
aire y el mundo se detiene. La madre gira la cabeza a cámara lenta, el aleteo
de una mosca mueve una brizna de aire, el padre eleva unos milímetros la ceja,
el corazón de los dos bombea, el cielo se oscurece, un trueno irrumpe a lo
lejos, se escucha el derrape de un coche, el camarero traga saliva con los ojos
inyectados y el resto disimulamos con la mirada perdida. «Dos, dos, uno, dos»,
anuncia el padre arrastrando las palabras con un tono apenas audible. «¡DOS…DOS…UNO…DOS!!»,
clama el chaval mientras pulsa uno a uno los números. Me imagino al padre haciendo
inventario mental del contenido prohibido: fotos de chicas en bolas, entradas
varias a páginas porno, intercambio de whatsapps “difíciles de explicar” con
esa compañera de oficina, visitas a la página de Linkedlin de su ex y un video
de universitarios americanos en plena orgía. Puedo sentir su deseo: que se
acabe la batería. Observo entonces a la madre que sonríe estática mientras da
golpecitos en la mesa con los dedos al ritmo de 2,2,1,2. Yo lanzo una pregunta:
¿se considera deslealtad los tejemanejes que tienen lugar en el entorno de lo
digital?. Hasta que demos con la respuesta definitiva les propongo una
solución: mejoren su contraseña.
miércoles, 20 de abril de 2016
lunes, 1 de febrero de 2016
PORNO CORRUPTO
Joaquín Fernández Díaz, ex
vicesecretario del PP de Asturias implicado en la Operación Pokémon, escribió
en su ordenador en el aparatado de anotaciones contables los concepto
“putiferios” y “putas y varios”. Por si las dudas. El implicado no se anduvo
con rodeos a la hora de clasificar esas partidas procedentes de unos fondos de
oscuro origen. El idilio turbulento que desde hace décadas mantienen algunos
políticos y empresarios con el mangoneo y que en estos días florece en nuestras
tierras ha sido aliñado, en ocasiones, con el picante ingrediente sexual en
forma de amante, meretriz o esposa despechada. El tema ha calado tan profundo
que si antes bomberos, policías o masajistas eran las profesiones favoritas por
la industria del porno a la hora de protagonizar escenas X, ahora lo que se
lleva es el tipo turbio, encorbatado y de dudoso pasado. “Allison Star y Candy
Alexa se lo montan con dos funcionarios corruptos” o “Político caliente
seduciendo a una votante” son algunos de los sugerentes títulos que ya circulan
por la red. El hallazgo me hace pensar que, si bien el policía con esposas y
porra representa autoridad, al bombero se le presupone como un hombre musculoso
y comprensivo, y al profesor se le adjudica ese punto didáctico y paciente que
a muchas señoras les resulta estimulante, ¿cuáles serían las cualidades
sensuales que se les atribuiría a aquellos mandatarios o empleados de la
administración imputados? Me imagino la secuencia. El individuo en cuestión
llega enfundado en un traje y porta un maletín. La dama le alaba el atuendo. Él
le habla de la comisión y a ella le sube la temperatura. Él se libera de la
ropa mientras confirma una adjudicación y ella le ofrece una mordida. Él le
dice “te vas a forrar”, ella le dice “dame más” y el contesta “por detrás” en
un final que roza el esperpento. Menos mal que se trata de ficción.
“V” DE VICIO
A Ana siempre le han llamado
la atención los hombres maduros. Llevada, quizá, por el instinto de sentirse
protegida, y atraída, tal vez, por la masculinidad pausada y plagada de matices
que poseen algunos varones a partir de cierta edad, para ella sus fantasías
románticas tenían el rostro y el porte de Jeremy Irons, John Malkovich o Al
Pacino. Ahora, de camino a los cincuenta, se sorprende no hace mucho observando
con detalle un anuncio en el que aparece Rafa Nadal en ropa interior. Lo que
llama su atención no es su portentoso torso ni los brazos esculpidos. Ni
siquiera la zona cero, el lugar que cubre estratégicamente la tela del slip y
que el tenista exhibe con mirada desafiante como si te apuntase con una
recortada. Aquello que centra el interés de Ana es el músculo que se encuentra
en la zona inferior del abdomen dándole forma de “v” y que se pierde bajo la
goma del calzoncillo. «Yo nunca he visto algo así al natural», comenta entre
amigas. Una del grupo cuenta que el nombre técnico es “abdominal oblicuo” y que
ella lo probó cuando hace años tuvo un lío con un chico asiduo al gimnasio, «se
trata de una zona delicatessen como el caviar, la trufa blanca o el buen
champagne. A la vista es como aerodinámico, al tacto es duro pero elástico, en
la práctica es…¿alguna tiene un coche diesel?, pues esto es como conducir un
deportivo de 500 caballos», puntualiza. Donde Ana antes veía un obrero, un
joven cachas o un deportista, ahora solo ve la sombra en la camiseta, el corte
del pantalón, una probabilidad, una línea recta susceptible de albergar ese
diamante de lo muscular, la piedra filosofal, esa “v” de volcánico, de vicio.
Le parece entender entonces la fijación del hombre con el culo y el escote y va
un paso más, «si ellos llevaran ese espacio de cintura a la vista no me
conformaría con mirar. Querría tocar», confiesa.
viernes, 11 de diciembre de 2015
ATRIBUTOS POLÍTICOS
Tras el debate a cuatro del
pasado lunes investigo en la red para saber, a día de hoy, cual es el candidato
más valorado por las damas. Albert Rivera encabeza la lista de los políticos
más atractivos con un 37% de votos. Según una conocida página de contactos el
líder de Ciudadanos seria escogido por la mayoría de señoras para tomar un café.
Pero, para aquellas que pasan del café, Pedro Sánchez es su chico. Cuando
apareció hace unos meses en el programa de Jesús Calleja haciendo rápel el
candidato socialista dejó entrever, gracias a un estratégico arnés, unos
destacados atributos que encendieron las redes con preguntas del tipo, “¿ofrece
Pedro Sánchez el mejor paquete de medidas? o ¿qué hará la oposición para marcar
más que Sánchez?. Semanas después una foto de un mitin en Palma de Mallorca que
él mismo colgó en su cuenta de Twitter avivó las llamas confirmando que el secretario
socialista representa para las votantes el mejor aparato político. Pablo
Iglesias, al que algunos medios bautizaron como “el deseado”, fue fotografiado
cuando una seguidora de Esparraguera le tocaba el culo tras un mitin. Sus fans
ven en la coleta, la perilla y la camisa remangada el aroma del sexo
intelectual y algunas afirman que el líder de Podemos tiene un “polvazo”. En el
debate Sánchez estuvo contundente y duro (no haré la broma fácil), Iglesias
relajado y cercano en plan “dejad que las damas se acerquen a mi”, Rivera se
mostró nervioso, efectivo y con ese punto riguroso pero imberbe. Soraya Sáenz
de Santamaría, a la que en las redes han apodado “La Menina” por su estatura y
constitución, ejerció de sustituta capeando el temporal con discurso tajante y gesto
entre altivo y seductor. ¿Conclusión? En política es menos importante el tamaño
que lo que esconde el bulto del pantalón. Y de eso la vicepresidenta va
sobrada.
jueves, 10 de diciembre de 2015
DETENCIÓN EN CALIENTE
Conozco ya varios casos de
amigos fascinados con el capítulo dos de la primera temporada de la serie True
Detective. Concretamente con el que creo que es el minuto diez. Les cuento la
escena. El policía interpretado por Woody Harrelson llega agotado y con ganas
de cariño a casa de su amante, una joven atractiva protagonizada por Alexandra
Daddario. Ella va vestida con un pantalón suelto (sin bragas) y una blusa en
tono crudo de manga corta (sin sujetador), cuyos botones parecen contener la
misma presión que la presa del Embalse de la Serena en Badajoz. Él le entrega
unas esposas a modo de presente erótico y abre una botella de vino, ella se
inclina sobre la mesa para servirlo y él le baja con las dos manos parte del
pantalón dejando ver el inicio de un señor culo. Ella se gira, simula una
detención y le obliga a sentarse en el sofá, se coloca encima a horcajadas y esposa
sus muñecas a una estantería dejándolo inmovilizado de brazos. Con tono
seductor le pregunta si quiere que le lea sus derechos, él asiente tontorrón y
llega el momento en el que todos los hombres presentes, sin excepción, ponen
más atención a la pantalla que si se tratase del minuto decisivo de la final
del Mundial. Alexandra coge la camisa y la desliza de manera suave en sentido
ascendente dejando a la vista su espalda y vientre y, a continuación, dos
pechos enormes, bien formados, que parecen emerger de otro planeta copando el televisor.
En ese momento ellos, los miles de fans rendidos a esa anatomía prodigiosa, se
entregan hipnotizados a esos senos rubenianos, con un “madre mía”, un “son
perfectos” o un “no se puede estar tan buena”. A veces rebobinan o detienen la
secuencia en medio de la acción, dejando congelada la imagen de esas tetas
escultóricas e imaginando que son ellos los protagonistas de esa detención.
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