miércoles, 20 de abril de 2016

INTIMIDAD DIGITAL





«Mi marido se ha cambiado otra vez la clave de acceso del teléfono», es la frase que lanza una amiga despertando todas las alarmas. Esas cuatro cifras, que en origen representaban un código de seguridad muy útil en caso de pérdida o robo, se han convertido en los férreos guardianes de lo que hemos bautizado como “intimidad digital”. Hace poco fui testigo de una escena. Un matrimonio toma algo en una mesa cercana. Él consulta la pantalla de su smartphone y lo deja sobre la mesa. Entonces se acerca el hijo que tendrá unos siete, coge el dispositivo para entretenerse con un juego y le pregunta a su progenitor, “¿cuál es tu clave?”. La pregunta flota en el aire y el mundo se detiene. La madre gira la cabeza a cámara lenta, el aleteo de una mosca mueve una brizna de aire, el padre eleva unos milímetros la ceja, el corazón de los dos bombea, el cielo se oscurece, un trueno irrumpe a lo lejos, se escucha el derrape de un coche, el camarero traga saliva con los ojos inyectados y el resto disimulamos con la mirada perdida. «Dos, dos, uno, dos», anuncia el padre arrastrando las palabras con un tono apenas audible. «¡DOS…DOS…UNO…DOS!!», clama el chaval mientras pulsa uno a uno los números. Me imagino al padre haciendo inventario mental del contenido prohibido: fotos de chicas en bolas, entradas varias a páginas porno, intercambio de whatsapps “difíciles de explicar” con esa compañera de oficina, visitas a la página de Linkedlin de su ex y un video de universitarios americanos en plena orgía. Puedo sentir su deseo: que se acabe la batería. Observo entonces a la madre que sonríe estática mientras da golpecitos en la mesa con los dedos al ritmo de 2,2,1,2. Yo lanzo una pregunta: ¿se considera deslealtad los tejemanejes que tienen lugar en el entorno de lo digital?. Hasta que demos con la respuesta definitiva les propongo una solución: mejoren su contraseña.


lunes, 1 de febrero de 2016

PORNO CORRUPTO


Joaquín Fernández Díaz, ex vicesecretario del PP de Asturias implicado en la Operación Pokémon, escribió en su ordenador en el aparatado de anotaciones contables los concepto “putiferios” y “putas y varios”. Por si las dudas. El implicado no se anduvo con rodeos a la hora de clasificar esas partidas procedentes de unos fondos de oscuro origen. El idilio turbulento que desde hace décadas mantienen algunos políticos y empresarios con el mangoneo y que en estos días florece en nuestras tierras ha sido aliñado, en ocasiones, con el picante ingrediente sexual en forma de amante, meretriz o esposa despechada. El tema ha calado tan profundo que si antes bomberos, policías o masajistas eran las profesiones favoritas por la industria del porno a la hora de protagonizar escenas X, ahora lo que se lleva es el tipo turbio, encorbatado y de dudoso pasado. “Allison Star y Candy Alexa se lo montan con dos funcionarios corruptos” o “Político caliente seduciendo a una votante” son algunos de los sugerentes títulos que ya circulan por la red. El hallazgo me hace pensar que, si bien el policía con esposas y porra representa autoridad, al bombero se le presupone como un hombre musculoso y comprensivo, y al profesor se le adjudica ese punto didáctico y paciente que a muchas señoras les resulta estimulante, ¿cuáles serían las cualidades sensuales que se les atribuiría a aquellos mandatarios o empleados de la administración imputados? Me imagino la secuencia. El individuo en cuestión llega enfundado en un traje y porta un maletín. La dama le alaba el atuendo. Él le habla de la comisión y a ella le sube la temperatura. Él se libera de la ropa mientras confirma una adjudicación y ella le ofrece una mordida. Él le dice “te vas a forrar”, ella le dice “dame más” y el contesta “por detrás” en un final que roza el esperpento. Menos mal que se trata de ficción.   

“V” DE VICIO





A Ana siempre le han llamado la atención los hombres maduros. Llevada, quizá, por el instinto de sentirse protegida, y atraída, tal vez, por la masculinidad pausada y plagada de matices que poseen algunos varones a partir de cierta edad, para ella sus fantasías románticas tenían el rostro y el porte de Jeremy Irons, John Malkovich o Al Pacino. Ahora, de camino a los cincuenta, se sorprende no hace mucho observando con detalle un anuncio en el que aparece Rafa Nadal en ropa interior. Lo que llama su atención no es su portentoso torso ni los brazos esculpidos. Ni siquiera la zona cero, el lugar que cubre estratégicamente la tela del slip y que el tenista exhibe con mirada desafiante como si te apuntase con una recortada. Aquello que centra el interés de Ana es el músculo que se encuentra en la zona inferior del abdomen dándole forma de “v” y que se pierde bajo la goma del calzoncillo. «Yo nunca he visto algo así al natural», comenta entre amigas. Una del grupo cuenta que el nombre técnico es “abdominal oblicuo” y que ella lo probó cuando hace años tuvo un lío con un chico asiduo al gimnasio, «se trata de una zona delicatessen como el caviar, la trufa blanca o el buen champagne. A la vista es como aerodinámico, al tacto es duro pero elástico, en la práctica es…¿alguna tiene un coche diesel?, pues esto es como conducir un deportivo de 500 caballos», puntualiza. Donde Ana antes veía un obrero, un joven cachas o un deportista, ahora solo ve la sombra en la camiseta, el corte del pantalón, una probabilidad, una línea recta susceptible de albergar ese diamante de lo muscular, la piedra filosofal, esa “v” de volcánico, de vicio. Le parece entender entonces la fijación del hombre con el culo y el escote y va un paso más, «si ellos llevaran ese espacio de cintura a la vista no me conformaría con mirar. Querría tocar», confiesa.

viernes, 11 de diciembre de 2015

ATRIBUTOS POLÍTICOS




Tras el debate a cuatro del pasado lunes investigo en la red para saber, a día de hoy, cual es el candidato más valorado por las damas. Albert Rivera encabeza la lista de los políticos más atractivos con un 37% de votos. Según una conocida página de contactos el líder de Ciudadanos seria escogido por la mayoría de señoras para tomar un café. Pero, para aquellas que pasan del café, Pedro Sánchez es su chico. Cuando apareció hace unos meses en el programa de Jesús Calleja haciendo rápel el candidato socialista dejó entrever, gracias a un estratégico arnés, unos destacados atributos que encendieron las redes con preguntas del tipo, “¿ofrece Pedro Sánchez el mejor paquete de medidas? o ¿qué hará la oposición para marcar más que Sánchez?. Semanas después una foto de un mitin en Palma de Mallorca que él mismo colgó en su cuenta de Twitter avivó las llamas confirmando que el secretario socialista representa para las votantes el mejor aparato político. Pablo Iglesias, al que algunos medios bautizaron como “el deseado”, fue fotografiado cuando una seguidora de Esparraguera le tocaba el culo tras un mitin. Sus fans ven en la coleta, la perilla y la camisa remangada el aroma del sexo intelectual y algunas afirman que el líder de Podemos tiene un “polvazo”. En el debate Sánchez estuvo contundente y duro (no haré la broma fácil), Iglesias relajado y cercano en plan “dejad que las damas se acerquen a mi”, Rivera se mostró nervioso, efectivo y con ese punto riguroso pero imberbe. Soraya Sáenz de Santamaría, a la que en las redes han apodado “La Menina” por su estatura y constitución, ejerció de sustituta capeando el temporal con discurso tajante y gesto entre altivo y seductor. ¿Conclusión? En política es menos importante el tamaño que lo que esconde el bulto del pantalón. Y de eso la vicepresidenta va sobrada.

jueves, 10 de diciembre de 2015

DETENCIÓN EN CALIENTE




Conozco ya varios casos de amigos fascinados con el capítulo dos de la primera temporada de la serie True Detective. Concretamente con el que creo que es el minuto diez. Les cuento la escena. El policía interpretado por Woody Harrelson llega agotado y con ganas de cariño a casa de su amante, una joven atractiva protagonizada por Alexandra Daddario. Ella va vestida con un pantalón suelto (sin bragas) y una blusa en tono crudo de manga corta (sin sujetador), cuyos botones parecen contener la misma presión que la presa del Embalse de la Serena en Badajoz. Él le entrega unas esposas a modo de presente erótico y abre una botella de vino, ella se inclina sobre la mesa para servirlo y él le baja con las dos manos parte del pantalón dejando ver el inicio de un señor culo. Ella se gira, simula una detención y le obliga a sentarse en el sofá, se coloca encima a horcajadas y esposa sus muñecas a una estantería dejándolo inmovilizado de brazos. Con tono seductor le pregunta si quiere que le lea sus derechos, él asiente tontorrón y llega el momento en el que todos los hombres presentes, sin excepción, ponen más atención a la pantalla que si se tratase del minuto decisivo de la final del Mundial. Alexandra coge la camisa y la desliza de manera suave en sentido ascendente dejando a la vista su espalda y vientre y, a continuación, dos pechos enormes, bien formados, que parecen emerger de otro planeta copando el televisor. En ese momento ellos, los miles de fans rendidos a esa anatomía prodigiosa, se entregan hipnotizados a esos senos rubenianos, con un “madre mía”, un “son perfectos” o un “no se puede estar tan buena”. A veces rebobinan o detienen la secuencia en medio de la acción, dejando congelada la imagen de esas tetas escultóricas e imaginando que son ellos los protagonistas de esa detención.