Carlos lee en la portada de
una revista masculina un titular, de entrada inofensivo, que le deja pensativo.
El reclamo reza: “Descubre si eres bueno en la cama”. Intrigado busca el
artículo en el interior del magazine y se encuentra con un texto tipo
perogrullo que incluye algunos consejos como “hazle sentirse deseada”, “las
prisas son malas compañías” o “el orgasmo no es el fin único del sexo”.
Continua leyendo sin mayor interés hasta que una de las sugerencias llama de
repente su atención: “hay que mancharse las manos”. El autor del documento
explica que, al contrario de lo que suele pensarse e, independientemente del calado
moral de la interesada, a la mujer le gusta el desmelene, la palabrería hot, el
ponte aquí, muerde allá, sudar, enredarse el pelo, llevarse algún cachete en el
trasero. Carlos, que es de los de “¿te puedo quitar el sujetador?”, medita
sobre sí mismo y se ve como a alguien defectuoso, poco hábil, pacato, rígido,
esmirriado y torpón. Los días siguientes se observa en el espejo mientras repite
la consigna “ensúciate las manos” y saca pecho emulando los andares de un
torero, con gesto altivo, apretando la mandíbula. Se imagina palmeando nalgas
con un “¡plas!” y arrancando botones de camisa cubierto de fango, orgulloso en
plan gallo de corral, abriendo una botella con la boca y derramando el
contenido, que discurre frío sobre el cuerpo de una dama tremendamente
atractiva que lo observa fascinada y un poco asustada. Piensa en Charo, su ex,
que mandaba como un sargento, y se plantea si quizá el motivo de la ruptura fue
esa falta de gallardía. Decide escribirle en busca de una nueva oportunidad que
le permita redimirse y lo hace en plan animal, con un mensaje que incluye las
palabras “vibrar”, “gritar”, “de rodillas”, “suelo”, “culo” y “pared”. Charo no
tarda en responder, «Carlos, ya sabes que no es una buena idea ver porno y
beber».
lunes, 2 de noviembre de 2015
lunes, 19 de octubre de 2015
DEBATE INTERNO DE SEXO
Silvia se enfrenta a un
debate. Resulta que Fernando, el chico de cuarenta al que conoció hace un par
de meses, consigue despertarle un instinto animal, algo brutal que le
sorprende. Hasta el momento ella, cuando hablaba con amigas de sexo, se definía
a si misma como alguien normal, más bien recatada, poco dada a las florituras,
«yo soy más bien sosa», afirmaba cuando alguna de las presentes hacia mención a
alguna práctica que ella entendía por exótica. Con Nando, como él le pidió que
le llamara, era distinto. Ese chico de estatura media, mirada castaña y dientes
rectos había abierto la puerta de la selva tendiendo un puente de incorrección
que ella gustaba de recorrer peldaño a peldaño, sentada, a gatas o doblada, probando
su flexibilidad, arañando, mordiendo, lamiendo, succionando, susurrando
insinuaciones imposibles. Nando pedía y ella accedía, obediente, cegada por la
poderosa sensación de saberse osada y a la vez deseada. ¿Soy yo o es él?, se
pregunta. ¿Son mis ganas de transgredir o es que pretende moldearme,
corromperme, ir un paso más allá?, reflexiona. ¿Es la manera de doblegar a mi
propia moral, es la falda tableada del colegio, el deseo contenido, el libro de
religión, el momento de la confesión?, barrunta. Se imagina a si misma como el
personaje de una película francesa, gatuna, embriagadora y perversa. Piensa en
si es Nando o es el momento si, ya cansada de contención ha liberado a ese otro
yo o si quizá, esa Silvia bestial es en realidad ella y la otra, la recatada,
era tan solo el preludio de lo que ahora vive y de lo que vendrá a
continuación. «Creo que he perdido el tiempo», fue la idea que un día expuso a
sus amigas. El resto escucharon fascinadas su exposición acerca de la conexión
de los cuerpos y su creencia de que gozar tiene más de ciencia que de
espiritual. Ganó la parte racional. «El sexo es algo que se lleva dentro»,
concluyó.
jueves, 1 de octubre de 2015
EL TOPLESS DE NAOMI
La megatop de los noventa
Naomi Campbell vuelve estos días a la primera línea del interés mediático a
causa de una fotografía enseñando los pechos que ha subido a su cuenta de
Instagram. Pese a los miles de “me gusta” y de comentarios favorables, en torno
a la imagen se ha generado un debate sin precedentes: ¿cuándo será eliminada de
la citada red social esa foto en la que todo el protagonismo parece girar en
torno a unas tetas? El tema es que una foto parecida de Rihanna fue censurada
no hace mucho y también pasó con otra de Miley Cyrus y antes con otra de Rumer
Willis. En todos los casos estas jóvenes y guapas celebrities acompañaron la
instantánea con el hastag #freethenipple
(#liberaelpezón), un movimiento
feminista surgido en 2014 con el fin de reivindicar la igualdad entre hombres y
mujeres y de luchar contra la cosificación del cuerpo de la mujer. Y para ello
se sirven del pezón como símbolo, un atributo que debe ser mostrado, liberado,
fotografiado y paseado sin límites. Los partidarios de tal iniciativa
argumentan la permisividad que existe en los medios con las escenas de
violencia y con los anuncios de pornografía. Una comparativa que a mi no me
sale a cuenta. ¿Pezones imponiendo su ley en la orilla más sórdida de la
condición humana? Además se quieren distanciar del término topless tan asociado
a la época del destape y a la arena de Benidorm o Marbella.
Les lanzo a las ideólogas una
pregunta: ¿a quién va dirigido el mensaje? Porque si es a las mujeres la visión
de unos pechos a la mayoría nos plantea un debate estético basado en la
comparación y relacionado con el tamaño, la forma o la caída. Si es el hombre
el receptor, y me apoyo en teorías antropológicas de peso, ante tal exhibición
el varón, más allá del mensaje, del contexto y de la relevancia de la
reclamación, solo ve dos tetas. Y me dejo lo de las carretas.
viernes, 25 de septiembre de 2015
EL SEXO DE PODEMOS
Esta semana sale a la luz que
David Cameron introdujo su miembro en la boca de un cerdo muerto, un escabroso
suceso que tuvo lugar durante su etapa universitaria en Oxford. La noticia nos
puede provocar un “vaya, como son los ingleses para estas cosas” y traernos a
la cabeza la foto de hace unos meses en la que aparece John Sewel, presidente
de la cámara de los lores, fumando un pitillo con gesto teatral ataviado con
sujetador rojo y chupa de cuero. Resulta que la imagen es tan solo un fotograma
de un video en el que, el que fue ministro de cultura con Tony Blair, mantiene
relaciones con dos prostitutas y esnifa cocaína de los pechos de una de ellas.
En el extremo más alejado del tablero tenemos a Pablo Iglesias soltando en un
acto reciente que le van a dar sexo y látigo a Artur Mas. Leo en un una
entrevista sobre el tema que el líder de Podemos confiesa que practicar sexo “es una cosa que sería muy saludable en campaña para soltar
tensiones” que el látigo, “va en función de lo que le guste a cada uno”, y pasa
a nombrar a Pedro Sánchez, al que “le gusta el sexo pero con un poquito sólo de
látigo”. En la misma línea está la frase de Lluís Llach que acusa al de Podemos
de tener “obsesiones sexuales con Mas”, y una columna en la que Elvira Lindo
fantasea con como debe ser pegar un polvo en la casa de un desmelenado Iglesias
en Vallecas, entre muebles de su abuela. ¡Qué aburrido!. Yo me imagino ahora la
escena a lo bristish. En ella tenemos a Artur Mas enfundado en cuero pasándole
el plumero a dos meretrices cubiertas tan solo con una barretina. Iglesias
lidera una suerte de orgia con miembros de su cúpula mientras recita a Miguel
Hernández, Iceta con penacho pone temas de Village People, Elvira Lindo se unta
el cuerpo en salmorejo y se alivia a lo Olvido Hormigos y Pedro Sánchez, a
pecho descubierto, posa para un selfie grupal luciendo banda de míster y cetro.
martes, 15 de septiembre de 2015
TERCERA EDAD DEL SEXO
Resulta que “45 años” la
última película del director británico Andrew Haigh está considerada tabú. Por
el contenido sexual. El motivo del escándalo no es el sadomaso ni ningún tipo
de alambicada relación incestuosa. Aquello que ha puesto el grito en el cielo
de determinador sector “conservador” son las escenas de sexo entre una pareja
interpretada por los afamados Charlotte Rampling, de 69 años de
edad, y Tom Courtenay, de 78. El responsable del proyecto comenta que le
inquieta el hecho de que a medida que envejecemos el sexo se perfile como un
elemento torpe, feo, escaso e invisible. El
tema es que los humanos poseemos una "falla psicológica" que nos lleva a rechazar la idea de
imaginar a nuestros padres o abuelos en pleno misionero. Algo así como “del
polvo vienes pero tus padres no copularán”. ¡Milagro!. Un tema que más tiene
que ver con la estética que con la edad pues, ¿no preferirían ver en la cama a
Sean Connery y a Jane Fonda que a dos jovenzuelos sobrealimentados, inexpertos
y poco agraciados? Expongo el tema en grupo y alguno opina que el acto sexual es
algo privado cuyo fin no es para satisfacer a terceros. Otra alega al modelo
único de estética imperante donde la tersura se valora por encima de la
experiencia o la indecencia. Un tercero anima a pasar por encima de lo corporal
y centrarse en la unión de dos almas enlazadas por el deseo, el amor o el
frenesí. Coincidimos en que el sexo maduro está pendiente de revisión en el
sector de la ficción y, si bien damas como Diane Keaton o Meryl Streep han
conseguido ampliar el espectro del amor romántico hasta más allá de los sesenta,
los protagonistas de estas cintas, hasta ahora, cerraban la puerta de la
habitación cuando empezaba la acción. Yo me pregunto, ¿serán conscientes Isabel
Preysler y Vargas Llosa de que pueden convertirse en el símbolo de un género
aún por explorar?
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