Merche llegaba el otro día a
la conclusión de que los días de lluvia, cuando está aún metida en la cama por
la mañana y escucha las gotas rebotando en cristal, le entran muchas ganas de hacer el amor. Casi a la vez se
daba cuenta de que al aplicarse crema en los senos y sobre la parte alta de las
piernas tras hacer ejercicio, también sentía un nivel considerable de
excitación. Al subir junto a su marido en coche, en el momento de ponerse el
cinturón, el ruido metálico del enganche y la sensación del tejido duro
ajustado a su cuerpo inmovilizado, le hizo pensar en un brazo desconocido que
la rodeaba desde atrás mientras alguien susurraba palabras húmedas en su oído.
En una comida derramó por descuido un poco de aceite sobre la mesa y, en vez de
limpiarlo con un trapo, posó el dedo sobre la gota y la extendió, disfrutando
la textura de esa superficie lisa y satinada que le recordó a la suave fricción
que se produce cuando la piel está mojada. Merche se aplica el pintalabios y
luego se repasa la boca con el dedo, desde el pequeño pliegue central hasta la
comisura, emborronando ligeramente los contornos que parecen recién salidos de
un beso. No hace mucho ha empezado a ser consciente del momento en el que se
quita el sujetador y su pecho queda liberado, suspendido, acariciado por una
brisa que parece gravitar en el espacio de su habitación. Y de cuando se seca
el pelo con el secador y cierra los ojos concentrada en el chorro caliente que
traslada desde la parte alta de su cabeza, hasta su frente, y baja lento por el
rostro, transcurre por su torso y descansa en su barriga. «A ti te falta sexo»,
es la conclusión que saca su íntima amiga cuando ella le cuenta lo que vive. Merche
niega con un gesto y sonríe, pues el sexo que ella desea es el que tiene en su
cabeza. Lo otro hace ya tiempo que le da bastante pereza.
lunes, 20 de abril de 2015
AQUÍ AMOR ALLÁ SEXO
«Ahora ya sé como piensan los
tíos», afirma Blanca, «la clave está en separar el sexo del amor, tratarlos
como dos elementos compatibles pero perfectamente independientes. Esa es la
clave del instinto cazador del varón que se basa en la obtención de parejas
sexuales con la intención de afirmarse. Ellos no piensan que para gozar hay que
amarse», señala. Otra del grupo saca a colación una frase del guión de la
película Nymphomaniac, de Lars von Trier, en la que una joven le dice a la protagonista,
“el amor es el ingrediente secreto del sexo”, a lo que mi amiga añade, «creo que el impulso carnal sin
sentimiento tiene que ver más con el comportamiento animal que con lo vínculos
que se crean entre humanos».
Blanca habla entonces de los
mitos románticos, de la idea impuesta de noviazgo y matrimonio, de los “te
quiero”, los “te amo”, del “no soy nada sin ti”, de la fantasía de dar con esa
media naranja que te complete y junto a la que todo cobre sentido, «eso es algo
pleno y placentero que sin duda está muy bien. Pero la historia ha revelado que
un hombre puede estar enamorado de su mujer y a la vez tener sexo con otra, y
no por eso dejarla de querer. Se le llama affaire y está socialmente aceptado.
¿De verdad creéis que ellos están más preparados?, si ya está más que
demostrado que no puede hacer más de una cosa a la vez», constata. Entonces
anima al resto de las presentes a tener una aventura, «que no es lo mismo que
ser infiel, pues se puede hacer estando soltera. La idea es centrarse en lo físico
prescindiendo de la carga del compromiso. Se supone que esa liberación de la
carga emocional nos ocurre ya cumplidos los cincuenta, pero yo os animo a
adelantaros, a aprender a separar la carne del pescado, el vino del agua, lo
dulce y lo salado o, ¿acaso al hombre se le dice en algún momento de su vida
que para disfrutar en la cama hace falta estar enamorado?
viernes, 27 de marzo de 2015
SEXO DE CARRETERA
Estos días circula por la red
la foto de una pareja teniendo sexo (¿rápido?) sobre una moto en marcha en una
carretera de Goa, en India. Ambos fueron retratados por un ciudadano ejemplar
que subió a las redes la instantánea animando a la policía a investigar el
suceso. Mientras leo la noticia se aparece en mi mente la imagen de un par de
turistas jóvenes, con ese aire desenfrenado que te da la sensación de libertad.
Lo imagino a él rollo surfero, con el pelo alborotado dorado por el sol, la
piel tostada y los brazos musculados agarrando el manillar de una moto potente,
una camisa de lino envejecida abierta, gafas de sol y glúteos marcados. Ella,
de larga melena castaña y rasgos mezclados con un punto oriental, le rodea la
cintura con unas piernas infinitas y se agarra a su vez al manillar con la
espalda estirada sobre el depósito de la moto, dejando al descubierto un pecho
turgente del tamaño ideal, arqueando la cadera en una postura flexible que a
los ojos del resto de los mortales resulta imposible. Ambos vuelan por una
carretera infinita con la piel erizada, sus cuerpos fusionados y al fondo una
puesta de sol de postal. Entonces me cae encima un cubo de agua fría. Al final
del texto del periódico digital se incluye la foto que capta el momento y me
devuelve a la realidad con la fuerza de un tortazo. En la imagen un hombre no
delgado en plena mediana edad conduce una moto de alquiler vestido con una
camiseta de publicidad y unos calcetines color carne subidos hasta la rodilla.
La mujer, dejada caer frente a él, muestra unas pantorrillas rotundas coronadas
por unos pies gigantes que se doblan a los lados. La luz es tosca, la carretera
descuidada y la postura tiene el deje semi improvisado del porno amateur. Concluyo
así, y a favor de la sofisticación mental, que en cuestiones sensuales mil
palabras bien usadas valen más que cualquier fotografía.
LA OTRA PRIMERA VEZ
Dicen que el primer beso
nunca se olvida, y lo mismo vale para esa primera vez en la que uno decide
entregarse por completo a otro e iniciarse en la senda del gozo. Luego habrá
más parejas, experiencias, desengaños, compromisos, quizá una boda, puede ser
que uno o varios hijos, y con esa nueva vida llega lo estable y fundamental
pero muchas veces previsible. En esa etapa andaba Silvia hasta que se vio
sorprendida por una crisis con el fuera quince años su marido, seguida por una
fase de separación y el divorcio definitivo. Adaptada a su nueva situación y
otra vez en el mercado Silvia conoce a Miguel, también separado. De un día para
otro ella se ve sorprendida por un intercambio de mensajes vía WhatsApp que
comienzan con un tono cordial y van subiendo de temperatura a nivel gradual
conforme avanza la confianza. Silvia, desentrenada, recibe sorprendida esos
“cada día mes gustas más”, “me pones muy caliente” o “te voy a comer entera”.
Ella le comenta a sus amigas que siente mariposas en la barriga cada vez que
está con él y que se pone a temblar si lo imagina junto a ella sin ropa.
«¿Creéis que es normal sentir esta clase de emociones ya cumplidos los
cuarenta?», les pregunta. Y les pasa a relatar su experiencia con el pulso
acelerado, la falta de apetito, el interés por la ropa interior obscena, la
precisión en la depilación, la sensación de mareo, los nervios del primer beso
y los detalles de esa noche que decidieron compartir cama. «Nos costaba hasta
hablar, fue todo muy torpe y a la vez muy bonito, no sabía qué hacer con las
manos, yo estaba cortada y él cagado. Al final hicimos lo que pudimos y no
debió de estar tan mal, porque a los pocos días repetimos», les cuenta. Las
otras suspiran, ella sonríe y la tierra sigue girando impulsada por la misma
gravedad que atrae a las personas una y otra vez. En su mano está hacer que sea
la primera.
domingo, 8 de marzo de 2015
LOS “NO AMIGOS” DE FACEBOOK
No hace mucho mi sobrina de
quince años protagoniza una escena que a mi parecer define la esencia de las
nuevas relaciones. Mirando atenta la pantalla de su smartphone le dice a su
progenitor levantando una ceja, «papá, ¿me has vuelto a pedir amistad en
Facebook? si ya te rechacé una vez…». El padre la mira sin saber qué contestar,
yo reprimo una sonrisa y pienso en que no es lo mismo la relación real que la
que se establece en una red social. Recuerdo la teoría de un amigo sobre la pertinencia
de mantener distancia virtual con aquellas tías que le interesan. Él cuenta
que, tras un tiempo de observación, ha llegado a una conclusión: hay que
separar lo que es la vida social de esa otra faceta más personal y en ocasiones
poco legal. Es decir, que una buena manera de constatar si tu pareja está
interesada en esa persona de su entorno que, por lo que sea te inquieta, sería
comprobar si la tiene de amiga en su lista de contactos de Facebook. Si la
respuesta es afirmativa todo apuntaría a una relación meramente cordial. Pero
si entre ellos no existe relación en la citada red social uno se puede empezar
a preocupar. «No lo acabo de entender», anuncia un tercero que está presente.
«La gente por lo general tiene dos facetas, la vida personal y la profesional,
ambas visibles, relativamente compatibles y que se suelen mezclar en el mundo
virtual. Hay personas que tienen una tercera parcela prohibida que reúne
compañías cuestionables, algún vicio y todo lo que tiene que ver con la
vertiente sexual prohibida. Esta es la parte que se mantiene aparte en lugares
como Facebook. En resumen, existe toda una red de alcantarillado donde se
mueven aquellos que se portan regular», sentencia. Veo entonces lo que ocurre
en las redes como una puesta en escena y a esa zona oculta como una versión más
obscena, privada e inapropiada de la vida.
INTELIGENCIA SEXUAL
viernes, 13 de febrero de 2015
VEINTEAÑEROS DE 50
Si eres de esos hombres a los
que a los veinte le gustaban las chicas de veinte pero a los treinta, los
cuarenta y los cincuenta le siguen gustando las de veinte, esto es para ti. Lo
primero que tienes que saber es que tú, en realidad, no le gustas a ellas. Les gusta
tu cartera o están tratando de superar el tema del padre ausente o algún
extraño vericueto de su mente producido quizá por la lectura de alguna novela.
Lo segundo, y no menos importante, es que el mundo está plagado de tías de
bandera, mujeres con muslos y caderas y dos tetas, damas en las que el tiempo
ha dejado la impronta de la experiencia, la capacidad de reír, y de sufrir, que
saben disfrutar de su cuerpo, a las que les gusta conversar y gozar, y que
asumen el paso del tiempo como algo saludable y natural que forma parte de la
vida. Lo tercero es que lo más seguro es que tu cuerpo a los cincuenta parezca
el de un hombre de cincuenta, al igual que tu capacidad sexual, y aunque tú no
lo sepas te aseguro que ella lo sabrá y, lo mas importante, será algo evidente
para el resto. También te diré que te estás perdiendo muchas cosas, que los
amigos o conocidos que se enamoran y comparten su vida con mujeres de su edad
no son unos pringados ni están equivocados. Aquellas que son madres, además de
haber hecho lo más bello que alguien pueda esperar, tienen desarrollado otro
nivel de ternura y una sensualidad muy especial, visible a los ojos de aquellos
con mirada sensible. El cuerpo es materia orgánica que vive en constante
evolución y dejar de cumplir años equivale a no estar en el mundo, y las chicas
que salen en publicidad son modelos maquilladas y retocadas, por las que los años
también pasarán. No te quiero asustar, pero a eso que te dificulta la visión
completa de cierta parte (no tan grande) de tu anatomía cuando estás tumbado
boca arriba, se le llama barriga.
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