Me tiene un rato
reflexionando una frase de la película italiana “La gran belleza” en la que una
vieja amiga le comenta al protagonista, mientras cenan un plato de sopa, “de vez en cuando un amigo tiene el deber de hacerle sentir al otro como
cuando era niño”. Enlazo mentalmente con una noticia que leo en un diario
digital que afirma, estadística en mano, que un tercio de los hombres que
recurre a prostitutas lo hace buscando afecto y cariño, por delante del sexo.
Pienso en varias parejas que conozco y llego a una conclusión: las mujeres,
como algo normal, reclamamos en la persona que tenemos al lado respeto,
lealtad, cariño y comprensión, pero, ¿somos a la vez conscientes de las
verdaderas necesidades afectivas que tiene el varón?. Le pregunto a un amigo
divorciado y de nuevo enamorado acerca de los motivos reales de su separación,
y me confiesa que en lo más hondo de su corazón anhelaba sentirse querido.
«Cuando estaba casado nunca pensé en otra mujer como algo sexual, sino que
empecé a echar en falta el beso de la mañana, un abrazo de despedida o de
bienvenida, una caricia, una mirada de complicidad, el calor de la cama
compartida, dormir con los cuerpos enlazados, un “¿cómo estás?”, “¿te puedo
ayudar?”, un “todo va a ir bien”, cogerse de la mano, los mordiscos en el
cuello, la sensación de unos dedos enroscados en el pelo, el saberse escuchado,
llegar tarde de trabajar y que te esperen para cenar o levantarte temprano para
coger un avión y que esa persona te acompañe para desayunar, que alguien
disfrute de mi olor, compartir manta en el sofá, salir a dar un paseo, mirarse
de verdad…», enumera. Yo lo miro y pienso que quizá el secreto del amor eterno
no tenga tanto que ver con la química y la pasión. La clave puede estar en esas
cosas que parecen insignificantes pero que en el fondo son tremendamente
importantes.
lunes, 27 de abril de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
CALIENTE DE CABEZA
Merche llegaba el otro día a
la conclusión de que los días de lluvia, cuando está aún metida en la cama por
la mañana y escucha las gotas rebotando en cristal, le entran muchas ganas de hacer el amor. Casi a la vez se
daba cuenta de que al aplicarse crema en los senos y sobre la parte alta de las
piernas tras hacer ejercicio, también sentía un nivel considerable de
excitación. Al subir junto a su marido en coche, en el momento de ponerse el
cinturón, el ruido metálico del enganche y la sensación del tejido duro
ajustado a su cuerpo inmovilizado, le hizo pensar en un brazo desconocido que
la rodeaba desde atrás mientras alguien susurraba palabras húmedas en su oído.
En una comida derramó por descuido un poco de aceite sobre la mesa y, en vez de
limpiarlo con un trapo, posó el dedo sobre la gota y la extendió, disfrutando
la textura de esa superficie lisa y satinada que le recordó a la suave fricción
que se produce cuando la piel está mojada. Merche se aplica el pintalabios y
luego se repasa la boca con el dedo, desde el pequeño pliegue central hasta la
comisura, emborronando ligeramente los contornos que parecen recién salidos de
un beso. No hace mucho ha empezado a ser consciente del momento en el que se
quita el sujetador y su pecho queda liberado, suspendido, acariciado por una
brisa que parece gravitar en el espacio de su habitación. Y de cuando se seca
el pelo con el secador y cierra los ojos concentrada en el chorro caliente que
traslada desde la parte alta de su cabeza, hasta su frente, y baja lento por el
rostro, transcurre por su torso y descansa en su barriga. «A ti te falta sexo»,
es la conclusión que saca su íntima amiga cuando ella le cuenta lo que vive. Merche
niega con un gesto y sonríe, pues el sexo que ella desea es el que tiene en su
cabeza. Lo otro hace ya tiempo que le da bastante pereza.
AQUÍ AMOR ALLÁ SEXO
«Ahora ya sé como piensan los
tíos», afirma Blanca, «la clave está en separar el sexo del amor, tratarlos
como dos elementos compatibles pero perfectamente independientes. Esa es la
clave del instinto cazador del varón que se basa en la obtención de parejas
sexuales con la intención de afirmarse. Ellos no piensan que para gozar hay que
amarse», señala. Otra del grupo saca a colación una frase del guión de la
película Nymphomaniac, de Lars von Trier, en la que una joven le dice a la protagonista,
“el amor es el ingrediente secreto del sexo”, a lo que mi amiga añade, «creo que el impulso carnal sin
sentimiento tiene que ver más con el comportamiento animal que con lo vínculos
que se crean entre humanos».
Blanca habla entonces de los
mitos románticos, de la idea impuesta de noviazgo y matrimonio, de los “te
quiero”, los “te amo”, del “no soy nada sin ti”, de la fantasía de dar con esa
media naranja que te complete y junto a la que todo cobre sentido, «eso es algo
pleno y placentero que sin duda está muy bien. Pero la historia ha revelado que
un hombre puede estar enamorado de su mujer y a la vez tener sexo con otra, y
no por eso dejarla de querer. Se le llama affaire y está socialmente aceptado.
¿De verdad creéis que ellos están más preparados?, si ya está más que
demostrado que no puede hacer más de una cosa a la vez», constata. Entonces
anima al resto de las presentes a tener una aventura, «que no es lo mismo que
ser infiel, pues se puede hacer estando soltera. La idea es centrarse en lo físico
prescindiendo de la carga del compromiso. Se supone que esa liberación de la
carga emocional nos ocurre ya cumplidos los cincuenta, pero yo os animo a
adelantaros, a aprender a separar la carne del pescado, el vino del agua, lo
dulce y lo salado o, ¿acaso al hombre se le dice en algún momento de su vida
que para disfrutar en la cama hace falta estar enamorado?
viernes, 27 de marzo de 2015
SEXO DE CARRETERA
Estos días circula por la red
la foto de una pareja teniendo sexo (¿rápido?) sobre una moto en marcha en una
carretera de Goa, en India. Ambos fueron retratados por un ciudadano ejemplar
que subió a las redes la instantánea animando a la policía a investigar el
suceso. Mientras leo la noticia se aparece en mi mente la imagen de un par de
turistas jóvenes, con ese aire desenfrenado que te da la sensación de libertad.
Lo imagino a él rollo surfero, con el pelo alborotado dorado por el sol, la
piel tostada y los brazos musculados agarrando el manillar de una moto potente,
una camisa de lino envejecida abierta, gafas de sol y glúteos marcados. Ella,
de larga melena castaña y rasgos mezclados con un punto oriental, le rodea la
cintura con unas piernas infinitas y se agarra a su vez al manillar con la
espalda estirada sobre el depósito de la moto, dejando al descubierto un pecho
turgente del tamaño ideal, arqueando la cadera en una postura flexible que a
los ojos del resto de los mortales resulta imposible. Ambos vuelan por una
carretera infinita con la piel erizada, sus cuerpos fusionados y al fondo una
puesta de sol de postal. Entonces me cae encima un cubo de agua fría. Al final
del texto del periódico digital se incluye la foto que capta el momento y me
devuelve a la realidad con la fuerza de un tortazo. En la imagen un hombre no
delgado en plena mediana edad conduce una moto de alquiler vestido con una
camiseta de publicidad y unos calcetines color carne subidos hasta la rodilla.
La mujer, dejada caer frente a él, muestra unas pantorrillas rotundas coronadas
por unos pies gigantes que se doblan a los lados. La luz es tosca, la carretera
descuidada y la postura tiene el deje semi improvisado del porno amateur. Concluyo
así, y a favor de la sofisticación mental, que en cuestiones sensuales mil
palabras bien usadas valen más que cualquier fotografía.
LA OTRA PRIMERA VEZ
Dicen que el primer beso
nunca se olvida, y lo mismo vale para esa primera vez en la que uno decide
entregarse por completo a otro e iniciarse en la senda del gozo. Luego habrá
más parejas, experiencias, desengaños, compromisos, quizá una boda, puede ser
que uno o varios hijos, y con esa nueva vida llega lo estable y fundamental
pero muchas veces previsible. En esa etapa andaba Silvia hasta que se vio
sorprendida por una crisis con el fuera quince años su marido, seguida por una
fase de separación y el divorcio definitivo. Adaptada a su nueva situación y
otra vez en el mercado Silvia conoce a Miguel, también separado. De un día para
otro ella se ve sorprendida por un intercambio de mensajes vía WhatsApp que
comienzan con un tono cordial y van subiendo de temperatura a nivel gradual
conforme avanza la confianza. Silvia, desentrenada, recibe sorprendida esos
“cada día mes gustas más”, “me pones muy caliente” o “te voy a comer entera”.
Ella le comenta a sus amigas que siente mariposas en la barriga cada vez que
está con él y que se pone a temblar si lo imagina junto a ella sin ropa.
«¿Creéis que es normal sentir esta clase de emociones ya cumplidos los
cuarenta?», les pregunta. Y les pasa a relatar su experiencia con el pulso
acelerado, la falta de apetito, el interés por la ropa interior obscena, la
precisión en la depilación, la sensación de mareo, los nervios del primer beso
y los detalles de esa noche que decidieron compartir cama. «Nos costaba hasta
hablar, fue todo muy torpe y a la vez muy bonito, no sabía qué hacer con las
manos, yo estaba cortada y él cagado. Al final hicimos lo que pudimos y no
debió de estar tan mal, porque a los pocos días repetimos», les cuenta. Las
otras suspiran, ella sonríe y la tierra sigue girando impulsada por la misma
gravedad que atrae a las personas una y otra vez. En su mano está hacer que sea
la primera.
domingo, 8 de marzo de 2015
LOS “NO AMIGOS” DE FACEBOOK
No hace mucho mi sobrina de
quince años protagoniza una escena que a mi parecer define la esencia de las
nuevas relaciones. Mirando atenta la pantalla de su smartphone le dice a su
progenitor levantando una ceja, «papá, ¿me has vuelto a pedir amistad en
Facebook? si ya te rechacé una vez…». El padre la mira sin saber qué contestar,
yo reprimo una sonrisa y pienso en que no es lo mismo la relación real que la
que se establece en una red social. Recuerdo la teoría de un amigo sobre la pertinencia
de mantener distancia virtual con aquellas tías que le interesan. Él cuenta
que, tras un tiempo de observación, ha llegado a una conclusión: hay que
separar lo que es la vida social de esa otra faceta más personal y en ocasiones
poco legal. Es decir, que una buena manera de constatar si tu pareja está
interesada en esa persona de su entorno que, por lo que sea te inquieta, sería
comprobar si la tiene de amiga en su lista de contactos de Facebook. Si la
respuesta es afirmativa todo apuntaría a una relación meramente cordial. Pero
si entre ellos no existe relación en la citada red social uno se puede empezar
a preocupar. «No lo acabo de entender», anuncia un tercero que está presente.
«La gente por lo general tiene dos facetas, la vida personal y la profesional,
ambas visibles, relativamente compatibles y que se suelen mezclar en el mundo
virtual. Hay personas que tienen una tercera parcela prohibida que reúne
compañías cuestionables, algún vicio y todo lo que tiene que ver con la
vertiente sexual prohibida. Esta es la parte que se mantiene aparte en lugares
como Facebook. En resumen, existe toda una red de alcantarillado donde se
mueven aquellos que se portan regular», sentencia. Veo entonces lo que ocurre
en las redes como una puesta en escena y a esa zona oculta como una versión más
obscena, privada e inapropiada de la vida.
INTELIGENCIA SEXUAL
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