“Ya no vuelvo a comer hasta
después de verano” –suelta Cristina mirando las patatas bravas de la mesa con
desprecio. Nos encontramos de aperitivo en una terraza del centro comentando
los planes de agosto. “Al final vamos a Jávea, cerca del puerto, justo en la
playa donde están todas las jovencitas con sus cuerpos de infarto” –relata. “Yo
no sé que coño les dan de comer para tener esas piernas tan largas, la piel
dura y esas melenas por la cintura” –aporta otra del grupo. “Y encima vuelven
los minishorts, esos micro pantalones diseñados para las piernas de alambre y
no para nosotras, las que llevamos todo el año pasando hambre” –añade. “Mi
marido siempre dice que él prefiere las maduras, que la edad perfecta de la
mujer son los cuarenta” – opina otra. “Ya, pero seguro que no te ha dicho que
casualmente son las de veinte las que se la ponen dura” –contesta la de la
dieta. “Yo creo que cada edad tiene su encanto y que la juventud en muchos
casos está sobrevalorada, conozco algunas de más de cuarenta que se cuidan y
están hechas un pibón” –rebate. “¿Tú te has paseado últimamente por la calle
Colón?” –continua la primera. “Aparecen como en manada y caminan de dos en dos,
rondan los veintipocos, no bajan del uno setenta y pasean unos tops con los que
muestran sus barrigas duras y el pecho marcón. Llevan melenón surfero peinado a
un lado sin secar, como si se acabaran de levantar, y gafas de sol ahumadas,
las uñas pintadas en plan lolita, shorts o falditas y sandalias planas. Es una
especie de plaga, un ataque viral, terminal, una puta tentación andante para
los tíos de la ciudad que han tenido la suerte de nacer en esta tierra fallera
y excesiva de tías explosivas” –concluye.
La otra se queda en silencio y tras unos instantes afirma: “el próximo
veraneo lo organizo en nuestra casa del Pirineo, por si alguna se quiere
apuntar”.
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me apunto a los pirineos y no olvidéis que los años pasan volando para todos
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