lunes, 1 de junio de 2015

DESMAYO DIVINO



No hace mucho me invitan a una comunión y llego algo tarde a la misa. Tras flanquear la gran puerta de madera de la iglesia me siento en uno de los bancos del final. Hace calor. Veo a la pequeña protagonista de blanco, junto al altar un grupo de monjas entona cánticos suaves. Se escucha un estruendo. Delante mío un grupo de personas rodea a alguien que se ha desvanecido. “Dadle aire con el abanico”, “¿alguien puede traer agua?”, “haced espacio”, comentan. Se abre un hueco y observo . Tumbado a lo largo del banco permanece tendido un chico alto y moreno que identifico como el tío de la que hoy recibe el sacramento. Una de las invitadas, que es médico, le suelta  la corbata y le desabrocha la camisa. De cuclillas comprueba su estado general y le hace preguntas a él, que luce rostro marmóreo y ha empezado a sudar. Yo no puedo evitar fijarme en la chaqueta bien cortada caída a los lados, el pelo algo despeinado que él se retira del rostro con la mano, la camisa abierta que deja a la vista un pecho bronceado y unos abdominales marcados que, potenciado por la postura tumbada y algo dejada, sus pies cruzados y el ambiente salpicado de damas elegantes y hombres con chaqueta, le dan ese aire de masculinidad del que se ha pasado de copas y cae fulminado por la borrachera en la cubierta de un barco. Entonces la veo. Una de las monjas del coro permanece a su lado mientras le coge de la mano apostada junto a su cabeza. Me doy cuenta de que, a pesar de su gesto de cuidado y entrega, la hermana tiene los ojos puestos en el torso esculpido del chico. Mi mirada se cruza un momento con la de esta mujer joven de rostro ruborizado y me siento testigo de un momento único, un regalo del destino que conjuga lo divino, lo erótico y lo errático. Concluyo que al final se trata de sexo, más allá de la renuncia, del contexto y del pretexto.

1 comentario:

  1. ¡Cuánto juego dan las monjitas jóvenes en las fantasías sexuales!...
    Atentamente, Manuel.

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