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domingo, 26 de octubre de 2014

EL DESNUDO ES LO DE MENOS



El último estreno televisivo tiene todos los ingredientes para convertirse en un éxito absoluto. Estilo reality, chicos y chicas sexualmente desinhibidos, un casting que parece hecho a las seis de la mañana en una discoteca de polígono industrial y lo definitivo, el elemento clave que se define como la piedra filosofal: el desnudo, a pelo. Sin pixelados, palabra que se ha revelado como el término de moda. «No pixelan las tetas, los culos ni los rabos», comentaban unos chicos por la calle. En el transcurso de la primera entrega una de las concursantes declara a cámara refiriéndose a un compañero que «no me gustan los pelirrojos con pecas porque yo me considero pelirroja y no quiero buscar lo mismo, pero sí que me llama la atención su forma intelectual de pensar». Pese a ello, el chico le confiesa que «tú eres como la Eva del siglo XXI, que si tatuada, que si tal, más loca que un chorizo».  En una de las tertulias posteriores una abogada rubia afirma a modo de reflexión que «para desnudar el alma no hace falta desnudarse por fuera», y una periodista muy seria añade que «los indios de las tribus iban desnudos hasta que llegaron los occidentales a decirles que tenían que avergonzarse de su desnudez». En la web del programa destacan lo que definen como “perlas” e incluyen la frase de la misma chica que les cuenta a sus compañeros que «lo de Adán y Eva está en el primer fascículo de la Biblia» y el momento en el que le preguntan por la Alhambra y ella contesta, «¿la Alhambra o la alambrada?». Cuando yo era pequeña recuerdo ver en pantalla a les “Monleonetes” sujetando dos huchas a la altura de sus pechos y la Paella Rusa, con los premios ocultos bajo una langosta o un caracol. También me vienen a la cabeza las “Mama Chicho”, unas vedettes italianas que bailaban ligeras de ropa con cosas en la cabeza. En el “Un, dos, tres” salían unas azafatas sexys en maillot, con enormes gafas de pasta y escotes infinitos. Y estaba el Euro Millón, con las chicas vestidas de fiesta que sacaban la bolita y soplaban el número a cámara con tono seductor. Todo esto puede ser tachado de sexista habiendo dejado en los niños y las niñas del momento la sensación de que la mujer debe de sacar partido de su cuerpo, de que es un bonito complemento. Se trata de un tema que a ratos se vuelve candente, que nosotras tenemos instalado en algún lugar de la mente y que todas sabemos que aún no está superado. Pese a todo, lo que plantea este reality al desnudo es mucho peor y más dañino. Los personajes que pasean ante el objetivo no solo muestran su falta de pudor físico, que ya es lo de menos y que queda como reclamo fácil para curiosos, morbosos y población general. Lo grave es que desde la dirección propicien ciertos temas de conversación para demostrar lo que todos ya sabemos, que además de estar al margen de cualquier tema de cultura general algunos no saben ni hablar normal. El resultado es éxito de audiencia, “trending topic” global y un alto nivel de repercusión en diarios, tertulias y programas que han dedicado horas a analizar los detalles del asunto. Luego algunos se extrañan de que entre los videos más vistos de la red destaque uno un mono tirándose un pedo, o el de una chica que aplaude con las tetas o aquel de unos jóvenes quemándose el pelo con un mechero. Les diré a todos los que critican y se mofan con las “perlas” de los robinsones sin ropa que no se sientan superiores ni mejores. El participar de ese teatro barato, el flipar con la ignorancia ajena, les sitúa en un mismo barco. Si tienen niños en casa les aconsejo que tengan precaución con el mando de la televisión si no quieren que en dos días jueguen en los cumpleaños a “tocarse debajo del edredón”, o que un día su hija llegue y, parafraseando a una de las evas del programa, le sorprenda con un: «busco un tío con buena economía porque yo siempre he vivido muy bien…que tenga un buen coche, a poder ser Mercedes o BMW... que sea un caballero, que siempre conduzca él y que pague las cenas». Pues eso.

viernes, 6 de julio de 2012

EN BOLAS VÍA SMS




Un grave error, envuelto en el contexto adecuado, puede terminar convertido en un golpe de suerte. Me explico. Tenía mi amiga Berta un amante ocasional. Pese a estar casada desde hace una década y ser madre de familia, sucumbió las Navidades pasadas a un arrebato fisiológico y así, en la cena de empresa, se enrolló con Fran, un rubio cachas de administración. Nunca había sido infiel y Berta, cuya vida sexual en pareja era casi inexistente, terminó colgada de él. Más o menos una vez al mes lo arreglaban para quedar y continuaban con un affaire que, lejos de tomar un cariz sentimental, se instaló en el terreno de lo puramente sexual. Juntos exploraron el Kamasutra e indagaron en la piel del otro movidos por el instinto primario de ese deseo brutal.
Una tarde, Berta se encuentra en casa y se le ocurre hacerse una foto de los pechos desnudos, presentados sobre una mesa, en una postura imposible. Con la idea de calentar al bestia de Fran, decide enviársela vía mensaje con un escueto “aquí saciarás tu apetito” pero, movida por el arrebato, se la hacer llegar a Manuel, su anodino marido. Paralizada por el error, mira la pantalla asustada esperando lo peor, pues ella en su matrimonio siempre se comportó con cordura, rozando casi la estrechura. La respuesta llega una hora después, en forma de fotografía. En ella el miembro de Manuel protagoniza un primer plano, sujeto por su mano, con un mensaje muy claro: “hoy tú cenarás salchicha”. Berta, tras el shock inicial y aliviada por su reacción, decide seguir con el tema en su vertiente más obscena. Así, tras cuatro o cinco instantáneas, Manuel llega a casa traspuesto y se mete con ella en la cama para ilustrar lo sugerido.
Desde ese momento Berta se olvida de Fran y ve reavivar su nido, que se encontraba dormido. Su marido se aficionó al jugueteo y ella se busca la vida para dar cierta chispa al magreo. Y aunque él se sabe cornudo, cuando se mira desnudo, en acción, da las gracias en silencio por aquella equivocación. 

jueves, 1 de marzo de 2012

Mi columna de Las Provincias de la pasada semana. ¿Por qué causará tanto revuelo el desnudo masculino?


MIEMBRO DE HONOR

Viernes noche en el cine. Comienza Shame, el último trabajo de Michael Fassbender, el actor de moda en Hollywood, guapo a rabiar, de corte intelectual y con un cuerpo de infarto. Ya en la primera secuencia confirmo los rumores que circulan por la red: el señor Fassbender luce un miembro de proporciones monumentales. El director, a modo introductorio y para calmar ­–imagino­– la ansiedad de las espectadoras, lo hace pasear en cueros de cara a cámara y orinar de espaldas para ofrecernos una perspectiva prodigiosa de esta parte concreta de su anatomía, que asoma como péndulo poderoso, desafiando las leyes de la física.

Un murmullo femenino de aprobación recorre la sala, y yo me pregunto: “¿por qué sigue causando tanto revuelo el desnudo masculino?” A nadie le extraña que reputadas actrices enseñen los pechos o el resto de atributos, pero son pocos los actores de renombre que han decidido mostrarse sin ropa. Richard Gere, Bruce Willis, Ewan Mc Gregor o Harvey Keitel son algunos de los valientes que se han lanzado a la piscina.

En esta sociedad fálica, en la que el símbolo viril reina poderoso y bucea entre líneas hasta las entrañas mismas de el arte o la política, la visión de un pene incomoda. Decido indagar en el tema y descubro que gran parte del asunto tiene que ver con la consistencia. Si el miembro se presente flácido, lo que viene a ser como quedarse a mitad de camino, el mensaje puede contener una lectura ofensiva de lo que entendemos por masculinidad. En cambio, la imagen de un pene erecto resulta amenazante, agresiva y un tanto ordinaria. La silueta del hombre blandiendo a solas su excitación, contiene además notas tragicómicas que envuelven la acción con cierto aroma a patochada. A los actores del futuro les diré que no sufran, pues aunque su talla no consiga levantar pasiones, siempre podrán echar mano de las tres dimensiones.