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jueves, 25 de mayo de 2017

MALLAS CON PODERES





Hoy les relato como unas simples mallas deportivas pueden cambiar toda una vida. La historia comienza el día que Irene, unos 60, señora de bien, casada y con un nieto en camino, decide apuntarse a yoga ante la insistencia de dos amigas. Tras las primeras clases, a las que acude con suéter de punto y pantalón suelto, y en vista de que se encuentra algo más ágil y animada, se dirige a una tienda del centro a comprarse un atuendo apropiado para hacer ejercicio. Un dependiente espigado que en lugar que referirse a ella como “señora” lo hace como “chica”, le anima a llevarse un conjunto de dos piezas en lycra negra con una fina raya lila. Irene, insegura, sale el primer día camino de clase sintiéndose como un pajarillo mojado, el rostro libre de maquillaje, zapatillas, el pelo recogido en una sencilla coleta, sin los pendientes de brillantes ni el reloj. El punto de inflexión llega cuando, esperando en un semáforo, descubre su reflejo en un escaparate. La silueta sin rostro que observa es la de una persona mucho más joven que ella, los muslos delgados y torneados, los hombros rectos, el cuello perfilado. Baja la mirada y observa sus piernas recortadas en el espacio, dos extremidades que ahora le parecen ajenas, como si hubieran adquirido una independencia reciente. Acostumbrada como estaba a una vida ordenada y “acorde a su edad”, su nueva agenda incluye quedadas con amigos en un local de Alboraya para colaborar en un mural, comidas en un restaurante vegano del centro, paseos descalza por la orilla de la Patacona, conversaciones con un compañero llamado Marc en las que habla de lo que quiere y no de lo que toca o cita en un tatuador para grabarse en la piel un pequeño sol. Irene piensa que esas mallas tienen súper poderes. Su duda es ¿debería hacerse además con una capa que le permita volar y elevarse?.


lunes, 20 de abril de 2015

AQUÍ AMOR ALLÁ SEXO



«Ahora ya sé como piensan los tíos», afirma Blanca, «la clave está en separar el sexo del amor, tratarlos como dos elementos compatibles pero perfectamente independientes. Esa es la clave del instinto cazador del varón que se basa en la obtención de parejas sexuales con la intención de afirmarse. Ellos no piensan que para gozar hay que amarse», señala. Otra del grupo saca a colación una frase del guión de la película Nymphomaniac, de Lars von Trier, en la que una joven le dice a la protagonista, “el amor es el ingrediente secreto del sexo”, a lo que mi amiga  añade, «creo que el impulso carnal sin sentimiento tiene que ver más con el comportamiento animal que con lo vínculos que se crean entre humanos».
Blanca habla entonces de los mitos románticos, de la idea impuesta de noviazgo y matrimonio, de los “te quiero”, los “te amo”, del “no soy nada sin ti”, de la fantasía de dar con esa media naranja que te complete y junto a la que todo cobre sentido, «eso es algo pleno y placentero que sin duda está muy bien. Pero la historia ha revelado que un hombre puede estar enamorado de su mujer y a la vez tener sexo con otra, y no por eso dejarla de querer. Se le llama affaire y está socialmente aceptado. ¿De verdad creéis que ellos están más preparados?, si ya está más que demostrado que no puede hacer más de una cosa a la vez», constata. Entonces anima al resto de las presentes a tener una aventura, «que no es lo mismo que ser infiel, pues se puede hacer estando soltera. La idea es centrarse en lo físico prescindiendo de la carga del compromiso. Se supone que esa liberación de la carga emocional nos ocurre ya cumplidos los cincuenta, pero yo os animo a adelantaros, a aprender a separar la carne del pescado, el vino del agua, lo dulce y lo salado o, ¿acaso al hombre se le dice en algún momento de su vida que para disfrutar en la cama hace falta estar enamorado?

viernes, 13 de febrero de 2015

VEINTEAÑEROS DE 50




Si eres de esos hombres a los que a los veinte le gustaban las chicas de veinte pero a los treinta, los cuarenta y los cincuenta le siguen gustando las de veinte, esto es para ti. Lo primero que tienes que saber es que tú, en realidad, no le gustas a ellas. Les gusta tu cartera o están tratando de superar el tema del padre ausente o algún extraño vericueto de su mente producido quizá por la lectura de alguna novela. Lo segundo, y no menos importante, es que el mundo está plagado de tías de bandera, mujeres con muslos y caderas y dos tetas, damas en las que el tiempo ha dejado la impronta de la experiencia, la capacidad de reír, y de sufrir, que saben disfrutar de su cuerpo, a las que les gusta conversar y gozar, y que asumen el paso del tiempo como algo saludable y natural que forma parte de la vida. Lo tercero es que lo más seguro es que tu cuerpo a los cincuenta parezca el de un hombre de cincuenta, al igual que tu capacidad sexual, y aunque tú no lo sepas te aseguro que ella lo sabrá y, lo mas importante, será algo evidente para el resto. También te diré que te estás perdiendo muchas cosas, que los amigos o conocidos que se enamoran y comparten su vida con mujeres de su edad no son unos pringados ni están equivocados. Aquellas que son madres, además de haber hecho lo más bello que alguien pueda esperar, tienen desarrollado otro nivel de ternura y una sensualidad muy especial, visible a los ojos de aquellos con mirada sensible. El cuerpo es materia orgánica que vive en constante evolución y dejar de cumplir años equivale a no estar en el mundo, y las chicas que salen en publicidad son modelos  maquilladas y retocadas, por las que los años también pasarán. No te quiero asustar, pero a eso que te dificulta la visión completa de cierta parte (no tan grande) de tu anatomía cuando estás tumbado boca arriba, se le llama barriga.

lunes, 2 de febrero de 2015

TEÓRICOS DE LO SEXUAL



Leo en un artículo que se han puesto de moda las escuelas de sexo en nuestro país. El texto narra como a las alumnas de “técnica oral” se les entrega una banana al entrar a la clase y, tras una parte de teoría, en la que son instruidas en la historia de esta práctica ancestral poniendo como ejemplo el caso de la habilidosa Cleopatra, pasan a la acción demostrando la aprendido con el fruto. En otra de las aulas se imparte bondage. Los allí inscritos aprenden a manejar el látigo o las esposas con el fin de obtener placer a través del dolor, una disciplina muy en boga, según cuentan, gracias a la influencia del señor Christian Grey. Citan el caso de una profesora de práctica tántrica que imparte lecciones a parejas formándolos en el masaje e incidiendo sobre la forma de tocar, pues no es lo mismo agarrar que posar las manos sobre el cuerpo del otro y hacerlo vibrar. Me informo y en casi todas estas academias las clases son de carácter grupal. No puedo evitar pensar en lo embarazoso del tema cuando, al encontrarte con alguno de tus colegas de la escuela yendo acompañado, tengas que dar la información con frases como «es una chica que viene a mi clase de felación», o «vamos juntos al curso de técnicas de sumisión». Otro punto peliagudo será el momento de grabar en el teléfono el número de algún alumno, algo que me imagino en plan “Merche taller autoplacer” o “Javi curso anal”. Más allá de nomenclaturas la cuestión es ¿se puede aprender de sexo? Según algunos se trata de instinto animal, para otros es mental y tiene su origen en el pensamiento. Otro sector, en mi opinión más acertado, aconseja centrarse en la parte de la seducción, esa fase intermedia donde ser receptivo y mostrar lo mejor de uno mismo. Sino estos aprendices corren el riesgo de convertirse en teóricos de lo sexual, un peligro en un terreno donde pasar a la acción parece ser la clave del asunto.