Hoy les relato como unas
simples mallas deportivas pueden cambiar toda una vida. La historia comienza el
día que Irene, unos 60, señora de bien, casada y con un nieto en camino, decide
apuntarse a yoga ante la insistencia de dos amigas. Tras las primeras clases, a
las que acude con suéter de punto y pantalón suelto, y en vista de que se
encuentra algo más ágil y animada, se dirige a una tienda del centro a
comprarse un atuendo apropiado para hacer ejercicio. Un dependiente espigado
que en lugar que referirse a ella como “señora” lo hace como “chica”, le anima
a llevarse un conjunto de dos piezas en lycra negra con una fina raya lila.
Irene, insegura, sale el primer día camino de clase sintiéndose como un
pajarillo mojado, el rostro libre de maquillaje, zapatillas, el pelo recogido
en una sencilla coleta, sin los pendientes de brillantes ni el reloj. El punto
de inflexión llega cuando, esperando en un semáforo, descubre su reflejo en un
escaparate. La silueta sin rostro que observa es la de una persona mucho más
joven que ella, los muslos delgados y torneados, los hombros rectos, el cuello
perfilado. Baja la mirada y observa sus piernas recortadas en el espacio, dos
extremidades que ahora le parecen ajenas, como si hubieran adquirido una
independencia reciente. Acostumbrada como estaba a una vida ordenada y “acorde a
su edad”, su nueva agenda incluye quedadas con amigos en un local de Alboraya
para colaborar en un mural, comidas en un restaurante vegano del centro, paseos
descalza por la orilla de la Patacona, conversaciones con un compañero llamado
Marc en las que habla de lo que quiere y no de lo que toca o cita en un
tatuador para grabarse en la piel un pequeño sol. Irene piensa que esas mallas
tienen súper poderes. Su duda es ¿debería hacerse además con una capa que le
permita volar y elevarse?.
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jueves, 25 de mayo de 2017
lunes, 20 de abril de 2015
AQUÍ AMOR ALLÁ SEXO
«Ahora ya sé como piensan los
tíos», afirma Blanca, «la clave está en separar el sexo del amor, tratarlos
como dos elementos compatibles pero perfectamente independientes. Esa es la
clave del instinto cazador del varón que se basa en la obtención de parejas
sexuales con la intención de afirmarse. Ellos no piensan que para gozar hay que
amarse», señala. Otra del grupo saca a colación una frase del guión de la
película Nymphomaniac, de Lars von Trier, en la que una joven le dice a la protagonista,
“el amor es el ingrediente secreto del sexo”, a lo que mi amiga añade, «creo que el impulso carnal sin
sentimiento tiene que ver más con el comportamiento animal que con lo vínculos
que se crean entre humanos».
Blanca habla entonces de los
mitos románticos, de la idea impuesta de noviazgo y matrimonio, de los “te
quiero”, los “te amo”, del “no soy nada sin ti”, de la fantasía de dar con esa
media naranja que te complete y junto a la que todo cobre sentido, «eso es algo
pleno y placentero que sin duda está muy bien. Pero la historia ha revelado que
un hombre puede estar enamorado de su mujer y a la vez tener sexo con otra, y
no por eso dejarla de querer. Se le llama affaire y está socialmente aceptado.
¿De verdad creéis que ellos están más preparados?, si ya está más que
demostrado que no puede hacer más de una cosa a la vez», constata. Entonces
anima al resto de las presentes a tener una aventura, «que no es lo mismo que
ser infiel, pues se puede hacer estando soltera. La idea es centrarse en lo físico
prescindiendo de la carga del compromiso. Se supone que esa liberación de la
carga emocional nos ocurre ya cumplidos los cincuenta, pero yo os animo a
adelantaros, a aprender a separar la carne del pescado, el vino del agua, lo
dulce y lo salado o, ¿acaso al hombre se le dice en algún momento de su vida
que para disfrutar en la cama hace falta estar enamorado?
viernes, 13 de febrero de 2015
VEINTEAÑEROS DE 50
Si eres de esos hombres a los
que a los veinte le gustaban las chicas de veinte pero a los treinta, los
cuarenta y los cincuenta le siguen gustando las de veinte, esto es para ti. Lo
primero que tienes que saber es que tú, en realidad, no le gustas a ellas. Les gusta
tu cartera o están tratando de superar el tema del padre ausente o algún
extraño vericueto de su mente producido quizá por la lectura de alguna novela.
Lo segundo, y no menos importante, es que el mundo está plagado de tías de
bandera, mujeres con muslos y caderas y dos tetas, damas en las que el tiempo
ha dejado la impronta de la experiencia, la capacidad de reír, y de sufrir, que
saben disfrutar de su cuerpo, a las que les gusta conversar y gozar, y que
asumen el paso del tiempo como algo saludable y natural que forma parte de la
vida. Lo tercero es que lo más seguro es que tu cuerpo a los cincuenta parezca
el de un hombre de cincuenta, al igual que tu capacidad sexual, y aunque tú no
lo sepas te aseguro que ella lo sabrá y, lo mas importante, será algo evidente
para el resto. También te diré que te estás perdiendo muchas cosas, que los
amigos o conocidos que se enamoran y comparten su vida con mujeres de su edad
no son unos pringados ni están equivocados. Aquellas que son madres, además de
haber hecho lo más bello que alguien pueda esperar, tienen desarrollado otro
nivel de ternura y una sensualidad muy especial, visible a los ojos de aquellos
con mirada sensible. El cuerpo es materia orgánica que vive en constante
evolución y dejar de cumplir años equivale a no estar en el mundo, y las chicas
que salen en publicidad son modelos maquilladas y retocadas, por las que los años
también pasarán. No te quiero asustar, pero a eso que te dificulta la visión
completa de cierta parte (no tan grande) de tu anatomía cuando estás tumbado
boca arriba, se le llama barriga.
lunes, 2 de febrero de 2015
TEÓRICOS DE LO SEXUAL
Leo en un artículo que se han
puesto de moda las escuelas de sexo en nuestro país. El texto narra como a las
alumnas de “técnica oral” se les entrega una banana al entrar a la clase y,
tras una parte de teoría, en la que son instruidas en la historia de esta
práctica ancestral poniendo como ejemplo el caso de la habilidosa Cleopatra,
pasan a la acción demostrando la aprendido con el fruto. En otra de las aulas
se imparte bondage. Los allí inscritos aprenden a manejar el látigo o las
esposas con el fin de obtener placer a través del dolor, una disciplina muy en
boga, según cuentan, gracias a la influencia del señor Christian Grey. Citan el
caso de una profesora de práctica tántrica que imparte lecciones a parejas
formándolos en el masaje e incidiendo sobre la forma de tocar, pues no es lo
mismo agarrar que posar las manos sobre el cuerpo del otro y hacerlo vibrar. Me
informo y en casi todas estas academias las clases son de carácter grupal. No
puedo evitar pensar en lo embarazoso del tema cuando, al encontrarte con alguno
de tus colegas de la escuela yendo acompañado, tengas que dar la información
con frases como «es una chica que viene a mi clase de felación», o «vamos
juntos al curso de técnicas de sumisión». Otro punto peliagudo será el momento
de grabar en el teléfono el número de algún alumno, algo que me imagino en plan
“Merche taller autoplacer” o “Javi curso anal”. Más allá de nomenclaturas la
cuestión es ¿se puede aprender de sexo? Según algunos se trata de instinto
animal, para otros es mental y tiene su origen en el pensamiento. Otro sector,
en mi opinión más acertado, aconseja centrarse en la parte de la seducción, esa
fase intermedia donde ser receptivo y mostrar lo mejor de uno mismo. Sino estos
aprendices corren el riesgo de convertirse en teóricos de lo sexual, un peligro
en un terreno donde pasar a la acción parece ser la clave del asunto.
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