Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de abril de 2015

AQUÍ AMOR ALLÁ SEXO



«Ahora ya sé como piensan los tíos», afirma Blanca, «la clave está en separar el sexo del amor, tratarlos como dos elementos compatibles pero perfectamente independientes. Esa es la clave del instinto cazador del varón que se basa en la obtención de parejas sexuales con la intención de afirmarse. Ellos no piensan que para gozar hay que amarse», señala. Otra del grupo saca a colación una frase del guión de la película Nymphomaniac, de Lars von Trier, en la que una joven le dice a la protagonista, “el amor es el ingrediente secreto del sexo”, a lo que mi amiga  añade, «creo que el impulso carnal sin sentimiento tiene que ver más con el comportamiento animal que con lo vínculos que se crean entre humanos».
Blanca habla entonces de los mitos románticos, de la idea impuesta de noviazgo y matrimonio, de los “te quiero”, los “te amo”, del “no soy nada sin ti”, de la fantasía de dar con esa media naranja que te complete y junto a la que todo cobre sentido, «eso es algo pleno y placentero que sin duda está muy bien. Pero la historia ha revelado que un hombre puede estar enamorado de su mujer y a la vez tener sexo con otra, y no por eso dejarla de querer. Se le llama affaire y está socialmente aceptado. ¿De verdad creéis que ellos están más preparados?, si ya está más que demostrado que no puede hacer más de una cosa a la vez», constata. Entonces anima al resto de las presentes a tener una aventura, «que no es lo mismo que ser infiel, pues se puede hacer estando soltera. La idea es centrarse en lo físico prescindiendo de la carga del compromiso. Se supone que esa liberación de la carga emocional nos ocurre ya cumplidos los cincuenta, pero yo os animo a adelantaros, a aprender a separar la carne del pescado, el vino del agua, lo dulce y lo salado o, ¿acaso al hombre se le dice en algún momento de su vida que para disfrutar en la cama hace falta estar enamorado?

viernes, 23 de enero de 2015

ANARQUISMO DEL AMOR




¿Se imaginan estar felizmente casados y llevar una vida en familia y poder, además, mantener una o varias relaciones paralelas? Esta premisa, que de entrada les puede resultar escandalosa, es la base de la “anarquía relacional”, un tipo de poliamor propuesto por la noruega Andie Nordgren que plantea una lista infinita de posibilidades a la hora de construir las relaciones con el sexo opuesto. El tema es comentado por una amiga en una cena atrayendo la atención plena del grupo. Los partidarios del movimiento afirman que la monogamia como tal ha muerto aunque no excluyen el modelo de pareja tradicional que convive en un hogar, mantiene un compromiso y cría a los hijos. El manifiesto de la llamada AR afirma que se puede amar a varias personas con la misma intensidad y que el amor que se sienta por una no debe de hacer disminuir el que se siente por el resto. Anima además a ser espontáneo en lugar de cargarnos de obligaciones, a pensar en términos de respeto y a crear un conjunto personal de valores que sirva para interactuar con los otros. «Vamos, que al final, como siempre, se trata solo de sexo», lanza uno de los hombres de la mesa. «¿Por qué dices eso?», se interesa la que expone. «Porque la gente lo que quiere es quitarse la ropa, arañarse la espalda, gemir y gozar. Le puedes llamar pasión, atracción, a menudo intentamos integrarlo en lo que es el conjunto de una relación, se convierte a veces en necesidad y si lo haces a escondidas se le llama infidelidad. Seguramente Andie Nordgren se casó con el tipo equivocado y ahora quiere pasarse a otros por la piedra y darle un sentido. Y eso, más allá de cualquier teoría, es sexo», afirma. Pese a que la respuesta rezuma sexismo en algo tiene razón. El hombre si engaña lo hace a discreción. La dama, en cambio, escoge y medita antes de hacer lo que le da la gana. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

ENAMORADO DE UN CULO




Estoy de cena con madres del cole en el restaurante de un amigo. Las conversaciones, como siempre que se junta un grupito de mujeres, saltan de tema en tema, se mezclan, se superponen, se marean, aumentan de volumen, se paralizan por una sonora carcajada y vuelven a enredarse de nuevo. La cosa es que, a raíz de la reciente separación de una de ellas sale a colación, como no, el tema del amor. La dama soltera se siente atraída por un hombre más joven que ella, de cuestionable nivel cultural, que trabaja de manera irregular como masajista. «Me pierden su sonrisa y sus manos, ya sé que no somos compatibles, pero cuando lo tengo delante se me va la cabeza», confiesa. Mi amigo, que en ese momento saca los cafés, se lanza a compartir su experiencia. «Uno se puede quedar colgado de una voz o de unas tetas. Yo en la universidad me enamoré de un culo. Cada mañana lo veía pasar camuflado debajo de un vaquero. Aún así percibía su tersura, la curvatura, el ‘toc toc’ que parecía perturbarlo a cada paso para luego volver en décimas de segundo a su estado natural. Al final lo conocí, lo tuve entre mis manos, lo admiré de noche, a la luz del día, a la hora de comer, con el reflejo tenue del atardecer. A veces, caprichoso, le colocaba una flor, o lo utilizaba para apoyar un libro y leer sobre él. Le compré aceites, cremas y todo un arsenal de ropa interior, recé por él, le hice cientos de fotografías, incluso le compuse una canción», relata. «¿Y qué pasó», me atrevo a preguntar. «Que un buen día se acabó, desacuerdos con su dueña», recuerda con nostalgia. A mi me viene a la cabeza la propietaria del trasero y como habrá evolucionado su relación con él, si se llevarán bien, si habrá conocido a otro hombre que se haya prendado de sus nalgas, y si la historia que nos ha contado es producto del fetichismo o guarda, como sospecho, grandes dosis de realismo. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

UN MONO CON PISTOLA




El pasado viernes llego a la consulta de un amigo fisioterapeuta. Al entrar le pregunto ¿qué tal?, él me sonríe, levanta el dedo índice y me indica que escuche la canción que invade el ambiente. Se trata de “Friday I’m in Love”, el tema de The Cure cuya letra sitúa al quinto día de la semana como la jornada más propicia para el amor. «Yo el viernes me pongo tontorrón», me explica. Le pido que me cuente más y él lanza una reveladora teoría sobre las llamadas y el momento. «Si un tío te llama el lunes para quedar el fin de semana es que está desesperado. Si lo hace el martes es un poco perdedor, el miércoles es la señal de que anda algo despistado, pero no estaría mal. El jueves es el día ideal, aunque los tíos que molan de verdad llaman el viernes a mediodía», confiesa. «¿Y eso una como se lo tiene que tomar?», me intereso. «En caso de que la llame el viernes la mujer debería mandar al tipo a cagar», sentencia. Sus palabras me hacen reflexionar y me dispongo a rebatir cuando sale con una excepción al teorema, que tiene que ver con el hecho de que el macho en cuestión se haya entregado de manera reciente a la práctica onanista. «En ese caso lo normal es que pase de llamar. Si aún así lo hace es que de verdad está interesado, por lo tanto la dama, de saberlo, podría esperar algo más», revela. No puedo evitar pensar en si la experiencia de mi amigo se puede extrapolar al total del género masculino. Analizo la primera estrofa de la canción, “no me importa si el lunes es azul, el martes gris y el miércoles también. El jueves, no me importas. Es viernes, estoy enamorado”, reza el tema. La simpleza de la idea, basada en la comparativa cromática, me hace comprender que en estos casos el hombre saca a relucir su razonamiento más pueril. Entonces él concluye con una máxima final que resume lo explicado: «un hombre con el arma cargada es como un mono con pistola». Y no hay más.

viernes, 26 de septiembre de 2014

NOVIOS A LOS SESENTA


                                


La frase “el amor no tiene edad” suena a tópico, a consigna animosa de libro dirigida a ese tipo de lector que desea ampliar los límites de su optimismo vital. Esta semana se recogía en prensa una noticia que anunciaba que se han duplicado las bodas entre mayores de 60 respecto a hace una década, con casi 8.000 enlaces de este tipo el pasado año. Los datos del INE confirman que se trata en su mayoría de divorciados que buscan una segunda oportunidad en el amor. Lo que también se sabe es que los varones, y me imagino que esto no sorprende a nadie, se refugian en brazos de damas más jóvenes y que ellas, a partir de cierta edad (y estos datos los he obtenido a través de investigaciones a nivel particular) no volverían a casarse ni muertas. «Lo del amor maduro que llega al final del camino es un bulo. Me imagino apuntados a bailes de salón, comprándome ropa interior extraña, tratando de poner nombre a algo que ya te digo que no se parece a lo que todos entendemos por pasión», me cuenta una señora de edad. Me viene a la cabeza un momento de la entrevista que esta semana le hizo Risto Mejide a Joaquín Sabina. Cuando el publicista le pregunta por el sexo a los 65, el cantautor ríe a medias y sale al paso con un «la vocación no se pierde, pero quiero pasar de puntillas por la pregunta… faena de aliño no, con lo que ha sido una, no», dejando patente que cuerpo y mente, a partir de cierto momento, deciden operar cada uno por su lado. No obstante me parece loable, y una consecuencia lógica si tenemos en cuenta el envejecimiento generalizado de la población, que la tendencia tras divorciarse sea volver a casarse, más allá del momento cronológico y de la falta de tono. Entonces ¿podrá suplirse el fuego carnal por otros valores como el cariño y la comunicación? Si preguntamos a ellos la respuesta es negativa, si preguntamos a ellas, la mayoría confiesa que preferiría vivir con una amiga…