domingo, 23 de septiembre de 2012

DOMINGOS DE FOTO Y FACEBOOK



El domingo pasado me encuentro tirada en el sofá con el ordenador sobre las piernas husmeando en el Facebook a las nueve de la mañana. En la tele, “¡Dora, Dora, Dora la exploradora…!”, entretiene a mis dos hijos mientras yo me intento despertar. Gracias a las fotos que veo en la pantalla me doy cuenta que la noche anterior, hace tan solo un par de horas, muchos y muchas se fueron de fiesta loca hasta las tantas, y ahí, en el muro de esa inmensa red social, resumen sus andanzas sin pudor: “Pati, Lore y Vero en la fiesta de la fashion week”, “Party sorpresa en casa de Jose”, “Cena japo con las compis del trabajo”. Todo acompañado de numerosas instantáneas que ilustran esos momentos fugaces y los hacen parecer más relevantes, divertidos y emocionantes de lo que son en realidad. Aunque lo sé y soy consciente de que esa exhibición personal no tiene ningún sentido, me hace sentir fatal. “Mi fin de semana es demasiado normal” –me digo. Paseo por el río, aperitivo en alguna terraza de Antiguo Reino o la Alameda, comida con la familia, parque con los niños y alguna cena con amigos.
Esa misma tarde visito a otra madre en su casa en la Gran Vía que me invita para que jueguen los críos. Allí coincido con una vecina de ella, su cuñada y una prima. Las cinco nos enzarzamos en animada conversación y yo saco el tema con el fin de contrastar mi opinión. “¿No os parece que la gente hace menos de lo que dice y se aburre más de lo que parece?” –les pregunto. Y les cuento lo de las fotos del Facebook, donde unos y otras cenan, beben, bailan, cantan o se van de excursión, con la misma sonrisa extraña que parece querer decir: haga lo que haga me divierto que te cagas. Entonces la prima suelta: “todo eso es un bulo, yo por norma general me lo paso como el culo”. A lo que añade la cuñada: “yo los domingos siempre pringo, mi marido, con la excusa de que entre semana tiene mucho follón, no se mueve del sillón”. Mi amiga culmina las declaraciones: “Pues a mi me da vergüenza reconocerlo, pero desde que tuve a mis hijos, odio las vacaciones”. Me digo entonces que la realidad es evidente. Si no te puedes pegar ni una siesta, ¿qué te depara en un día de fiesta?. La clave, me imagino, es buscarse un plan en familia. “Para mi es un coñazo” –anuncia le vecina. “Curso de cocina con niños, teatro de marionetas, visita al Botánico, al Oceanográfico, al Bioparc, cuenta cuentos, teatro infantil, excursión en cabañas, el trenecito del río, curso de galletas, taller de Navidad, granja escuela, música para pequeños, princesa por un día…. y yo esperando, mirando, aguantando, sonriendo, soportando a un payaso idiota que quiere que le sujete una bota o a una monitora pesada y sin consideración, que quiere fomentar la participación. ¿No he pagado yo para que entretengas un rato a los niños? ¡Pues haz tu puto trabajo y deja a los padres en paz!” –concluye. El resto asentimos solidarias pues todo ese esfuerzo no sale, por regla general, en la fotos de ninguna red social. Allí solo encuentras fiestas en áticos, paellas con amigos en Pinedo, gente haciendo kayak o animadas inauguraciones. Por no hablar de los “estados”, una suerte de declaraciones con las que el interesado pretende transmitir sus emociones: “es difícil olvidar, pero más difícil es conseguir no pensar”, “los amigos son esos que están ahí en tu caída”, “sonríe cada mañana en el coche y verás una estrella salir por la noche”. Pensamientos profundos de tinte filosófico que pretenden captar la esencia de la sabiduría humana, por lo menos un par de veces por semana.
A todos esos, a los que con o sin hijos, quieren que creamos que cada tarde, noche o festivo se lo pasan como enanos, a todos los que dan lecciones positivas con absurdas frases vomitivas, a aquellos que intentan mostrar una realidad ideal en un frío portal digital, les animo a hacérselo mirar y quizás plantearse una pregunta antes de colgar lo que les pase por la cabeza: ¿de verdad aporto algo a la humanidad publicando esta obviedad? En caso negativo siempre se puede consolar con el pretexto del mal colectivo: seguro que no es la primera vez que alguien comparte semejante gilipollez.












2 comentarios:

  1. Bueno, tampoco hay que ser tan radical. Aunque sí es cierto que esas reuniones tan erótico-festivas pueden ser, o no, memorables, pero no tanto como para mostrárselas al mundo virtual.
    De todas formas, dile a tu amiga, que si no quería "sufrir" unas vacaciones con niños... ¿para qué los tuvo? jajaja. Yo personalmente, disfruto con mis hijos y disfruto de mis hijos a partes iguales. Ya hice el animal lo suficiente antes de tenerlos... y además, dentro de unos años, serán ellos los que no quieran pasar las vacaciones conmigo.
    Saludos.

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