lunes, 17 de junio de 2013

ESPERO QUE OS FUNDÁIS DE CALOR



Cuando llegan estas fechas no puedo evitar acordarme de todos aquellos y aquellas que se pasan el invierno dando la tabarra con el frío y las pocas horas de luz, los que celebran en el Facebook cada día soleado como si fuera el regalo más preciado olvidando, me imagino, que vivimos en un enclave casi tropical, los que los cuatro días de lluvia del año se pasan el día diciendo: “que tiempo más malo está haciendo”, de todos aquellos a los que el otoño les parece triste y el invierno deprimente, de los que de vez en cuando prescinden de salir o de bajar a pasear al río porque encuentran que hace demasiado frío, a todos esos les quiero hacer llegar un mensaje: “espero que os fundáis de calor”. Vivir todo el año pendiente de las vacaciones no sólo genera importantes tensiones sino que llegado el momento, y debido al exceso de expectativas, lo más seguro es que esos días de anhelado descanso se conviertan en una cadena de decepciones. Sin olvidar que en general la gente no tiene un duro y pese a eso se las tendrá que ingeniar para pagar unos días en un apartamento o bien sobrevivir en la ciudad aguantando un clima infernal. En cuanto al tema del estilo el verano queda por delante, sin ninguna duda, en la clasificación como la estación menos elegante. En las calles todo vale y si bien las señoras muestran el sujetador, marcan lorza y se pasean en minishorts, ellos no se quedan atrás y lucen piratas, tirantes, sandalias y hasta la goma del gayumbo debajo del bañador. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que con un abrigo y un suéter de cuello vuelto el problema del mal gusto queda prácticamente resuelto? Las actividades de ocio quedan marcadas según los grados del día haciendo que a partir de junio solo se pueda estar con el aire acondicionado en casa o junto al mar, convirtiendo el asfalto pisable en una tortura casi insoportable. Quien sienta soledad puede probar con algo tan heroico como usar el transporte público, subir a un autobús, y notar una espalda mojada pegada a su brazo, una axila acariciando su rostro y el plástico del asiento fundido con la piel. Si sales de noche deberás aguantar de manera repetida temas de Rihanna, Soraya o Carlos Jean metiendo caña en una terraza abarrotada servida por una camarera ligera de ropa que te cobra ocho euros por un copón hasta arriba de hielo y limón con ginebra de garrafón. Tampoco entiendo muy bien el tema del bronceado, porque una cosa es coger un poco de color, y otra bien distinta es estar encendido, con un tono tostado, anaranjado,  y la piel brillante. O el terreno de la intimidad, que es cierto que uno está más fogoso, pero más por el influjo de la temperatura brutal que por una motivación carnal. La humedad, además, te hace sentir pegajoso, da igual que te acabes de duchar porque en menos de cinco minutos vas a empezar a sudar, tendrás el pelo pegado y un aspecto descuidado. Entonces hay que soportar las conversaciones de todos aquellos a los que el invierno les parecía peor que el infierno: “caray como pega”, “lo de hoy es poniente”, “tengo una pereza”, “a mi este calor me da dolor de cabeza”, “así es imposible trabajar”. Luego comentarán que han pasado por el centro y han visto colgada la ropa de invierno, que les parece una locura, que quién se la va a probar. Después llegará septiembre, el día empezará a acortar y ellos se volverán a quejar, “se acabó lo que se daba”, “llega el frío”, “en dos días la calefacción”. Con el invierno volverán las caras grises y los mensajitos casi a diario de “que bien que ha salido el sol”. Yo seguiré intentando descifrar por qué a la gente le gusta hablar del tiempo, que en mi esquema mental es lo mismo que hablar sobre hablar. De momento le sacaré partido a lo que hay y tomaré helados en los Italianos, iré a algún concierto en Viveros, cenaré en la Patacona, disfrutaré de la Filmoteca en el río, dormiré la siesta, beberé sangría, iré a los toros, me bañaré en El Saler, aprovecharé para leer y aguantaré el tirón como cada año hasta la llegada del otoño, cuando la ciudad recupera cierta poética que no solo tiene que ver con la estética. Ahora toca aguantar.

1 comentario:

  1. Así funciona la vida... El caso es quejarse de algo. Si no nos quejamos, no estamos vivos jajaja
    Saludos.

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