viernes, 3 de octubre de 2014

SECRETOS DE LUPANAR




El novio de una amiga coordinó en el pasado las obras de un local de alterne. Un día nos contó algunos detalles, a mi parecer sorprendentes, sobre el funcionamiento de este tipo de garitos y por ende, del modus operandi del hombre. Lo primero que le llamó la atención fue cuando en los planos vio una zona enjaulada con argollas en la pared. Él pensó que estaba destinada a alguna actividad relacionada con el vicio de corte sado. Al preguntar, movido por la curiosidad, el dueño le informa de que se trata de un apeadero para perros. «No son pocos los que dicen que salen a dar una vuelta con la mascota y se dejan caer por aquí. Les permitimos la entrada pero tienen que mantenerlas atadas», explica. A los pocos días descubre sorprendido que en las habitaciones, en lugar de somier, debajo del colchón hay un bloque de hormigón. Pese a que da por hecho que se trata de un tema estético decide investigar y recurre al encargado. Éste le explica que en los casos en los que han colocado camas normales estas bailaban por la habitación hasta quedarse sin patas. «Ten en cuenta que los clientes vienen en máximo estado de fogosidad, eso se traduce en una energía desmedida», le aclara con una sonrisa. Atrapado por ese universo que le es ajeno sigue indagando hasta dar con otro dato a sus ojos revelador: la hora de máxima actividad se da entre las seis y las ocho de la mañana. ¿Cómo es posible?, se interesa. «Muchos solo pueden venir antes de ir a trabajar y les toca madrugar. Vienen con el maletín en la mano, vestidos con el traje de chaqueta. Luego se tienen que volver a duchar…», le cuenta. Él, que siempre ha sido un tipo fiel y trabajador, se pregunta en voz alta como es posible que carezca de esa picaresca masculina. Su novia lo mira amorosa y le coge de la mano. Yo pienso, no sin malicia, que más que un tema de lealtad se trata en realidad de una cuestión de oportunidad. 

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