lunes, 23 de septiembre de 2013

VIAJAR CON AMIGOS



La amistad no conoce prueba mayor que la de ser sometida a un viaje. Los avatares del trayecto, la convivencia y la resolución de conflictos inesperados, pueden dar al traste con nuestra paciencia y mostrarnos la cara B de los compañeros que se presentan ante nuestros ojos de manera real y rotunda. “Después de tantos días de apreturas, ahora que se acerca la vuelta descubro esta mañana que empiezo a ir suelta” –informa al resto Alicia, una rubia simpaticona que se encuentra pasando unos días con amigos en Ibiza. Los otros dan cuenta de su desayuno sin mirar intentando ignorar el parte escatológico al que cada mañana los somete. “Lo mío con el wáter está fuera de toda lógica. Si no es blanda es dura, deberían de crear una ciencia que controle la consistencia” –añade ilustrando a los demás con sus patrones fecales. Lo que me cuentan unos conocidos a su vuelta de un crucero por Grecia al que han ido junto a otra pareja es aún peor pues la esposa, tras la cena y con unas copas de más, se dedicaba a comentar las peripecias sexuales de la noche anterior. “Ayer mi tigre se salió” –soltó en una de las veladas para referirse al marido. “Estuvimos más de tres horas, probamos alguna posturita nueva, estaba tan excitado que casi se confunde de lado” –afirmó guiñando un ojo y pegándose una palmada en el trasero. Los otros, testigos de la situación junto con el camarero, pasaron los días de travesía cortados ante el torrente de sinceridad.
En otros casos es el tema de la compra grupal el que trae los problemas. Cereales integrales, bebidas de soja, condones o bandas para depilar se convierten en objetos de disputa al no reunir el visto bueno colectivo. Entonces los “a mi no me gusta” o “yo no lo voy a usar” salen a relucir iniciando una guerra de entrada banal pero cuyo final suele resultar fatal. Lo mismo que el “fondo común”, de entrada tan civilizado, práctico y equilibrado, puede fulminar la armonía general con solo una salida o un aperitivo que sea disfrutado y pagado sin ser acordado entre el resto. Las vacaciones con amigos sirven además para descubrir facetas ocultas de la personalidad de alguno que, alejado de las presiones del trabajo y con horas de ocio por delante, se presenta como un auténtico maniaco de la organización. “He pensado, si os parece a todos bien, que podríamos pactar los turnos de cocina y limpieza por parejas. A las nueve, antes de bajar a la playa, tocarían baños, terraza y salón. A las diez se haría la comida y así a las once sería la salida para poder volver a la piscina a las dos y estar en la mesa a las tres” –informó Javier en el coche provocando cuchicheos y codazos entre el grupito de padres del cole que se escapaba unos días de excursión. Ya en el apartamento confirmó su condición de psicópata. “En la nevera he colgado un pequeño horario para hacer más fácil el momento de las duchas dejando un tope de veinte minutos por mañana y persona, ¿qué os parece?”–explicó a los demás que permanecieron en silencio intentando descifrar si lo que decía era verdad hasta que vieron por escrito el papelito.
La pesadilla de una amiga se centró en las tetas de la hermana de su vecina, la cual que sumó a una escapada improvisada. Desde primera hora del día la chica, que rondaba los cuarenta, se dedicó a pasear desnuda de cintura para arriba, no sólo en la playa, sino en la casa, desde al desayuno hasta la cena, viendo la televisión o estando en la terraza de conversación. Aunque el viaje era de chicas, a mi amiga no le pareció normal la presencia de esos senos a todas horas y en una de las comidas, cuando un poco de tomate le salpicó en un pezón, no pudo reprimirse y le dio su opinión. “Ya que no has traído sujetador por favor, tapate las tetas con la servilleta” –le dijo con diplomacia. Por ello es importante valorar hasta que punto creemos conocer a los amigos y conocidos antes de lanzarnos a compartir unos días en su compañía. Y si no, recuerden este dicho: “lo que la amistad ha unido se lo puede cargar de la noche a la mañana una escapadita de fin de semana”.

1 comentario:

  1. Así es. Todos nos llevamos muy bien saliendo de fiesta y tomando unas copas, o reuniéndonos para ver un partido, pero la convivencia pone sobre la mesa todas las cartas, y muchas veces con sorpresa incluída.
    Saludos.

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