viernes, 22 de junio de 2012

ORGASMO DIGITAL






El marido de mi amiga Elisa trabaja en Barcelona, lo que obliga a la pareja a vivir separada gran parte de la semana. Desde hace un par de años el matrimonio ha tenido que construirse una vida basada en sábados y domingos. “Cada vez en más difícil” –me comentaba un día. “La falta de relación ha terminado enfriando la habitación” –aseguraba. Así que, y para calmar su preocupación, la animé a lanzarse la red: “Prueba el sexo online, busca en Internet”. Tras las dudas iniciales, se bajó un programa de video y empezó con algo suave, castas conversaciones fraternales donde hablar de lo ocurrido en el día. Poco a poco empezó a liberarse de ropa y una de las veces, sin aviso, se sentó en sujetador a comentar la jornada. Un par de noches después, animada por algo de vino, decidió quedarse en bragas y animó a su marido a departir en calzoncillos. La semana siguiente, ya sin ropa, la conversación subió de tono y a la hora de la cena, cada uno manifestó de palabra su fantasía más obscena. Lo siguiente ya vino dado. Breves roces, suaves caricias, firmes toqueteos, intensos magreos y la culminación donde el placer estalla: relaciones completas de cara a la pantalla. Elisa, transformada en una auténtica estrella del telesexo, se lanzó durante meses a ese acto consensuado viendo su relación avivada, dilatada, aderezada.
Con la llegada del verano volvió su marido a casa y con él la presencia y la convivencia. Al poco tiempo se dieron cuenta de que echaban de menos esos kilómetros de distancia con los que habían acercado sus corazones. Así que un par de días a la semana él se buscaba un hotel y ejecutaban, conectados al ordenador, los juegos iniciados en el invierno.
La mente de los amantes, conforme gana en complejidad, abandona los juegos de antes para dar paso a la novedad. Y aunque en este caso lo erótico se somete a lo tecnológico, el goce pasa de lógicas y se proyecta en el teclado. Apoyo una consigna de lo más literal: ¡viva el sexo digital!.  

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